lunes, 17 de septiembre de 2007

EL REY ESTÁ DESNUDO

Arq. Oscar Thomas, integrante de la A.C.A.

“La verdad os hará libres” (Jesús de Nazareth”)

«Votá, tu voto vale» se denomina la campaña lanzada por la Iglesia Católica a través de la Acción Católica Argentina (ACA). A través de esta iniciativa, los católicos laicos argentinos estamos dando respuesta a un pedido del cardenal Jorge Bergoglio, quien había manifestado su preocupación por lo que el entiende como una actitud de apatía electoral de los argentinos. La campaña exigirá a los candidatos presidenciales que se comprometan en debates públicos para profundizar la transparencia de sus plataformas de gobierno.
Sin necesidad del lenguaje metafórico que el protocolo exige, y que debe caracterizar las expresiones de la jerarquía católica cada vez que se refiere a la clase política o al accionar del gobierno nacional, la Acción Católica plantea que ante la proximidad de las elecciones nacionales, provinciales y municipales «deseamos promover un voto responsable, que será fruto de una decisión madura al abrigo de la información y de la reflexión serena, del análisis de la realidad social y de las diversas propuestas, proyectos e ideas que los candidatos propongan a la sociedad, acerca de cómo van a orientar su gestión gubernamental, tanto a nivel local, provincial y nacional».
Este organismo -dirigido por el arquitecto Eduardo Madero- interactúa con el Episcopado en la promoción de campañas cívicas, políticas y de responsabilidad social. En cierta manera conforma un equipo de concientización al servicio de la difusión de la doctrina social de la Iglesia que, al ser una institución laica, puede adoptar posiciones políticas algo más explícitas que las parábolas generalmente utilizadas por los obispos.
«El acto eleccionario requiere el conocimiento de las propuestas y el pleno ejercicio de la libertad del ciudadano. Esto compromete al que se postula, quien debe definir claramente su programa de acción política; y al que debe votar, a informarse debidamente de la probidad de los candidatos y de la dimensión ética de sus propuestas». Sin eufemismos, se plantea la necesidad de un compromiso cívico por parte de votantes y votados, efectuando una crítica por elevación a la abundante literatura tribunera y a las acusaciones vacías cruzadas por varios candidatos, que no pueden ocultar con la agresión constante la absoluta falta de propuestas que padecen.
«Es por ello que creemos necesario que se debe producir un debate entre los candidatos que aspiran a ocupar los diversos cargos públicos, en todos los niveles, de aquí hasta la fecha de las elecciones nacionales. Se debe exigir a los candidatos plataformas más claras, que no sea la cultura de lo estético, sino de las ideas que puedan ser confrontadas.» A buen entendedor, pocas palabras. Un ejercicio más que saludable, que permitirá a muchos ciudadanos separar la paja del trigo. Para dirigir una empresa, para conducir un equipo de fútbol o incluso para manejar el presupuesto familiar, hacen falta programas, propuestas e ideas. Como el grito del niño que exclamó «el rey está desnudo!!» esta propuesta de la ACA dejará en evidencia a muchos seudo dirigentes, llenos de palabras y vacíos de ideas.

NO SE OLVIDEN, “PUERTA ES MENEM”

Por Arquitecto Oscar Thomas

“Considerando que frente a la necesidad de preservar el sistema financiero del Banco de la Provincia de Misiones como herramienta necesaria e imprescindible para el desarrollo de la economía y el crecimiento y subsistencia de la industria, el comercio y el agro” (...) y “que los objetivos del Banco Provincia, llevando el crédito y el ahorro a toda la provincia, pueden ser mejor cumplidos, en la actualidad, conjuntamente con el sector privado” (...), “el gobernador de la provincia de Misiones decreta: artículo 1°, dispónese la privatización del Banco de la Provincia de Misiones”. (Extracto del Decreto de entonces gobernador de Misiones, ingeniero Federico Ramón PUERTA, que privatizó el Banco de la Provincia).

De esta manera, amparándose en una ley de emergencia económica que le otorgaba amplísimos poderes, copiada de la que MENEM se hizo votar en el Parlamento Nacional para la “gobernabilidad de la crisis”, el entonces gobernador Federico Ramón PUERTA - por DECRETO - procedía a enajenar la herramienta de fomento y desarrollo que los misioneros habíamos construido con esfuerzo durante décadas. Los párrafos resaltados marcan una intencionalidad, luego desvirtuada por los hechos, igual a la que desnudó MENEM después de revolear ponchos y hacer declaraciones patrióticas sobre Malvinas. No se preservó el sistema financiero al servicio de Misiones. Esa herramienta “necesaria e imprescindible” que servía a toda la provincia (más allá de quienes indudablemente se habían aprovechado en forma espuria de ella) no se desarrolló “en forma conjunta con el sector privado”. Luego de una primera entrega del 49% del paquete accionario, se enajenó totalmente.

¿Cuál fue el argumento utilizado por MENEM (= PUERTA) para las privatizaciones? La ineficiencia e ineficacia del Estado. Nada se dijo del por qué de esa ineficiencia, de los años durante los cuales los privilegiados de la dictadura y de gobiernos débiles utilizaron al Estado en beneficio propio. Para esta argumentación, la herramienta era mala en sí misma, y no los hombres que la utilizaron.

Tengan cuidado con el candidato a gobernador, el ex gobernador PUERTA (por dos veces consecutivas, la última de dudosa legitimidad), ex senador nacional (con poco o nulo resultado parlamentario registrado a favor de los misioneros) y ex presidente de la Nación (sólo por 48 horas, y no como la serie televisiva), porque detrás de su figura se esconde un lobo que sólo ha perdido el pelo, pero no las mañas. Y encima tratando de esconderse detrás de la imagen de “cordero” de su candidato a vicegobernador. Cuidado, porque su intención es concluir con la macabra obra de “enterrar” definitivamente a todos los que vivimos en Misiones y a cinco generaciones venideras.

No olvidemos que esta enajenación incluyó el servicio de agua de Posadas, Papel Misionero y otros sectores de menor envergadura, pero que sumados significaron la entrega -por pocos pesos- de un enorme patrimonio acumulado con esfuerzo por nuestros padres y abuelos durante décadas.

SOBRE ATRAPAR VIENTOS

Por Roberto Almeida

¿Los misioneros estaremos predestinados a atrapar vientos? Ó ¿seguir aferrándonos al picaporte de la puerta, que al trasponerla, nos asegurará el progreso y por ende la felicidad?
Algunas claves para encontrar respuestas a los interrogantes iniciales, podemos hallarlas en la carta de Obispo de Posadas monseñor Juan Martínez del 26 de agosto de este año.
El padre obispo de Posadas, plantea primeramente., una cita bíblica que por su exigencia nos hace reflexionar profundamente: “esfuércense en entrar por la puerta angosta, porque les digo que muchos intentarán pero no podrán” (LC. 13,24).
La santa palabra, nos guía y se adecua a cualquier momento y contexto de nuestra cotidianeidad.
Por esto, la cita del Apóstol Lucas, nos viene como anillo al dedo, para contextualizar la esfera política de nuestra provincia, más por estos días, con la complicada y exagerada diversidad de candidatos. Como se ha citado, la puerta es angosta y hay lugar para unos pocos, los más esforzados. Bueno, por ahora todos tienen la posibilidad de sobrepasar dicho umbral. Pero cuanto más nos acerquemos al día de las elecciones en el mes de octubre más angosto y difícil se hará el camino al ansiado pórtico.
Esta comparación metafórica religiosa – política, tiene que motivar nuestros sentidos para captar al conductor que nos asegure el porvenir.
Pero esta no es una tarea nada fácil, en la actualidad, nuestra percepción se ve alterada por las pujas; idas y vueltas; deserciones, reorganizaciones y alianzas de los personajes políticos de estas tierras.
Entonces, para no volvernos locos en conjeturas, podemos concluir si queremos, en que la situación política actual de Misiones es una especie de mboyeré de individuos o grupos jugándose intereses propios -en verdad nada nuevo- pero que en estos días se subraya por las continuas deslealtades, falsedades y traiciones que salen a la luz.
Así, antes de buscar las palabras justas para definir la situación política general, es mejor invertir nuestro tiempo en observar y escuchar detenidamente a los candidatos.
Lo cierto es que si miramos hacia un lado encontraremos al grupo de los “mismos de siempre”, con sus mañas de siempre y sin dudas con sus intereses de siempre: riquezas para unos pocos.
O en todo caso si miramos el otro lado de la balanza, encontraremos “caras nuevas” pero sin una estructura sólida que soporte el peso de la administración del Estado, es decir peor que lo conocido.
Bueno así entre caras y caretas, nos encontramos en la difícil situación de encontrar acciones que favorezcan a nuestra sociedad o como bien lo dice el Monseñor Martínez en su discurso “actitudes comprometidas con el bien común y la solidaridad”.la decisión en las manos de que reino elegir. Uno de ellos es para unos pocos, los que más tienen y el otro nos incluye a todos, sin distinción alguna. Esta en nosotros no volver a atrapar vientos.
Para cerrar, siguiendo con la reflexión. Existen dos reinos: “el reino del poder, tener y placer” y el “reino del amor” en este último prevalece la solidaridad y la caridad. Los misioneros tenemos

¿Qué significa ser oportunista?

Por Tomás Plano

“Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Así, porque eres tibio, y no frío ni caliente, estoy por vomitarte de mi boca” (La Sagrada Biblia, Apocalipsis 3:15-16)


Tibio es todo aquel que no arriesga, que aguarda astutamente a que la propia realidad le demuestre cuál es la mejor opción para su propio interés. En el sentido bíblico, esa tibieza se relaciona con un proyecto y se refiere a aquellas personas incapaces de jugarse por una idea o un credo, y que dudan ante la necesidad del compromiso por razones egoístas. Ese egoísmo es e que les señala el camino de la oportunidad.

En política, se califica de oportunista a toda persona que carece de principios fijos y que espera los acontecimientos para amoldar a ellos sus opiniones. Entran en esta categoría tanto aquellos que permanecen en una falsa actitud de neutralidad hasta que comience a surgir claramente un vencedor, como los que medran al interior de una fuerza sin una pertenencia fuerte en cuanto a convicciones, y que no dudan en saltar cuando los lineamientos de ese espacio no coinciden con sus propios intereses egoístas.

La historia política argentina es rica en anécdotas de este tipo, no exentas de humor e incluso con apodos ya instalados en el acervo popular. Están incluidos en ellas desde los que saltan el cerco cuando les conviene a sus intereses, sin pudor alguno, a quienes se denomina “panqueques”, hasta aquellos que se suman a la fuerza victoriosa cuando no pudieron derrotarla, las famosas “agrupaciones” tituladas con la fecha del día posterior a la elección en que resultaron perdedoras.

En este sentido, la verdadera Renovación ha salido fortalecida luego de las idas y venidas que se suscitaron con posterioridad al plebiscito que impidió una nueva reelección para el gobernador Carlos Rovira. Confundiendo a este espacio exclusivamente con la figura del propio gobernador, más de uno se apresuró a dar el salto para tratar de ocupar ese espacio de poder, confundiendo ese criterio personalista y caudillistas con un programa cargado de apoyo popular. La lectura fue: “nombre por nombre, por qué no el mío?”. A la luz de las encuestas que ya comienzan a conocerse, ese tipo de oportunismo estará enfrentándose hoy a la dura realidad de que no se traba de nombres, sino de proyectos.

Por otro lado, los apresurados que dieron por enterrada a la Renovación antes de tiempo, estarán hoy lamentándose por su apresuramiento en saltar el cerco, y además viendo con tristeza cómo se alejan las prebendas que buscaban asegurarse, mientras que el espacio que tenían se ha diluido bajo el efecto destructivo de la gula por el poder. Como bien dice el dicho, “más vale pájaro en mano...”

Entre la militancia de fierro, esa que se patea los barrios y los pueblos llevando una palabra de esperanza y no ofreciendo cargos o repartiendo prebendas (la mayoría de las veces ilusorias, como bien lo demuestra la historia) se estima que los que optaron por irse les han hecho la mejor gauchada. Están convencidos de que estos ex compañeros de militancia han sincerado su doble personalidad y la gran falta de coherencia en su accionar que surge como fruto de jugar a dos puntas. Para ellos, el sentido común marca sin vueltas que, a quienes tiene un cargo importante en un gobierno por el cual deben corresponsabilizarse en todos los hechos producidos durante la gestión y cambian de criterio 90 días antes de las elecciones, sólo se los puede llamar oportunistas.

VIVIR CON LO PROPIO

un poco de historia

por Oscar Thomas y Daniel Llano


Definir una propuesta hacia adelante sobre la provincia de Misiones no surge sólo como una síntesis de la tarea realizada por una administración de gobierno. Tampoco es un esquema de desarrollo estratégico entendido como compendio de medidas técnicas y políticas de largo plazo. Además de todo eso, es un trabajo de reflexión y profundización sobre el rumbo que se aplicó en la administración del Estado de la provincia de Misiones desde el inicio de una gestión en el año 2000 como política de Estado, que incluso debió atravesar terribles circunstancias socio económicas a causa del fracaso de un gobierno nacional y de la subsecuente devaluación y default que castigaron a nuestro país.

Es necesario hacer referencia a los escenarios y desafíos que planteó la crisis estructural más profunda de la historia argentina. Un nuevo orden económico surgió de las políticas de reparación de un país en crisis terminal, en medio de una conmoción interna que pocos asumieron en su verdadera magnitud. Era una hora de aporte para dar sustento a la transición y garantizar la gobernabilidad. Era necesario regenerar la credibilidad, para poder crear los recursos que permitieran honrar compromisos, pero también -y muy especialmente- atender las necesidades del pueblo más necesitado, buscando antes que la rentabilidad política y económica la rentabilidad social.

La falta de recursos necesarios impulsaba la protesta de empleados públicos, de sectores de la producción (como en el caso hierbatero), y especialmente de los sectores sociales más vulnerables, a lo que se sumaba la extrema dependencia de los recursos aportados por la Nación. A pesar de esa verdadera debacle. el Gobierno de Misiones continuó firme en su rumbo de no endeudarse y no generar déficit. Si bien los ingresos totales disponibles fueron disminuyendo debido a las menores cantidades transferidas por la Nación, se recompuso progresivamente la caja provincial mediante recaudación propia, y se instrumentaron acciones para recuperar los tributos adeudados.

Con la consigna de “no gastar más de lo que se dispone”, se accionó con austeridad en el gasto y no se hizo uso del crédito para financiar las actividades del Estado en ningún orden. El endeudamiento existente se redujo a valores absolutos en más de 136 millones de pesos, lográndose para el 2002 una mayor disminución, a pesar de que la falta de caja había hecho que la deuda de 1.150 millones de dólares a diciembre de 1999 se incrementara debido a las necesarias refinanciaciones. A eso se sumó la pesificación, que junto a esas refinanciaciones, y a pesar de que no se tomaron nuevos préstamos, multiplicó por tres la cifra, ahora en pesos. Así también se redujeron los gastos totales en personal, consumos y servicios en 10 millones en el 2000, y en 21 millones más en el 2001, logrando una mayor reducción aún para el 2002, en medio de la crisis.

Dentro de otras medidas económicas implementadas, el Acuerdo Fiscal suscripto entre la provincia y la Nación permitió -ya en el segundo semestre del 2002- alcanzar una deuda saneada, antes en dólares y ahora convertida a pesos. Antes con una tasa por la que se llegó a pagar más de un 40% de interés, lo cual resultaba usurario, y desde entonces con un 4% con plazo de dieciséis años y tres de gracia. Asimismo, se incorporó un tope máximo de descuento a la coparticipación en concepto de servicios de la deuda, debiendo garantizarse que los servicios reprogramados no superasen el 15% de afectación a los recursos por coparticipación.

Esa disciplina fiscal y su proyección en el corto plazo hacia el equilibrio -esto es, déficit cero-, permitió desde entones a la provincia enfrentar un plan de crecimiento sostenido, a partir de que los recursos generados localmente y su plusvalía se volcaban vía recaudaciones al crecimiento y desarrollo con justicia y equidad.

Este reordenamiento tributario constituye un cambio estructural para el financiamiento del Estado, encaminado hacia la normalidad y la disciplina fiscal al mismo tiempo que se readecuaba la base tributaria y mejoraba la capacidad de recaudar, como forma de potenciar la competitividad empresarial.

Paralelamente, se mantuvieron beneficios mientras se repartían equilibradamente las cargas. Se mantuvo la alícuota cero al sector primario, apostando fuertemente a la producción, y se propició a través de una rebaja en los ingresos brutos el mejoramiento de la rentabilidad de algunos servicios, del comercio y del turismo. La actividad industrial debió colaborar con el aporte de sus segmentos más dinámicos. Los mayores recursos obtenidos fueron destinados a la salud pública, a la previsión social y al fomento de actividades productivas.

En el terreno del mejoramiento de la capacidad recaudatoria se incorporaron herramientas eficientes y transparentes de apoyo operativo privado a la gestión de cobranzas, que permitieran rescatar registros de deudas por más de 100 millones de pesos, sin transferir activos ni patrimonio, y sin delegar ninguna potestad del Estado. El buen resultado de esta iniciativa trajo justicia hacia todos los que silenciosa y responsablemente habían cumplido con sus obligaciones, pagando sus impuestos.

En este marco de readecuación estratégica en búsqueda de la autonomía real de la provincia, proponiendo al conjunto de la Nación un federalismo activo y responsable a partir de mecanismos sustentables, la cuestión social fue siempre una prioridad. En esta nueva economía, lo social se transformó en el foco principal de atención para el gobierno como permanente ejercicio de reflexión y acción consecuente, mediante una tecnología de gestión singular en el país, que se vertebró a través de una altísima participación de los gobiernos locales, de las organizaciones religiosas y el papel protagónico de las organizaciones no gubernamentales y las organizaciones del trabajo, decidiendo directamente la asignación de recursos y los criterios de distribución.

Bajo esta nueva concepción, se apuntó además a que ningún beneficio se otorgara como un bien libre, sino como un derecho que inscribe -en la misma proporción- una responsabilidad. Para que tenga sostenimiento social esta política y no resulte coyuntural, debía implicar una contrapartida del ciudadano.

Siempre se trabajó en el largo plazo, pensando mucho más allá del término de una administración. Sólo con medidas estratégicas se pudo consolidar una propuesta de largo plazo que se ha sostenido a pesar de los avatares económicos y políticos, y que incluso salió fortalecida de la crisis de fines del 2002..

Ya en su discurso de asunción a fines de 1999, el gobernador Rovira instaló en el debate social y político de la provincia la necesidad de “pensar y actuar estratégicamente”, e incluyó en esa reflexión y realización a toda la sociedad. Al gobierno que asumía le interesaba “la participación concreta en los ámbitos de las decisiones administrativas, pues es allí donde se resuelven los problemas cotidianos de las personas. Se configura así una comunidad articulada y organizada, sostenida por el hombre-persona (unidad de la familia) cuya dimensiones están activadas y desarrolladas en la democracia participativa, que es el alma de la sociedad y de su evolución continua y constante”.

Pero esa convocatoria a la participación concreta precisaba ser realizada en un marco donde la misma provincia recuperara su capacidad de autonomía e independencia. El federalismo fue definido desde el inicio de la gestión como “un principio llamado a llenar nuevamente, en el próximo milenio, el vacío entre sociedad y Estado” (Gob. Carlos Rovira, discurso de asunción, diciembre de 1999).

Desde esa fecha, la orientación participativa, federalista y con visión de largo plazo adoptada fue la herramienta para redefinir una provincia que resalta en el concierto de sus hermanas dentro del país, por haber sido la que menor conflictividad social mostró, a la vez que puede mostrar logros inigualados en lo que hace a ordenamiento administrativo y crecimiento económico al superar por tres años consecutivos la media nacional. Sin la participación social, sin una posición de autonomía y sin una visión estratégica, esto no hubiera sido posible.

Por eso hace falta hacer un poco de historia, porque si no sabemos de dónde venimos, mal podemos saber hacia dónde vamos. Conducir los destinos de Misiones -en medio de la crisis más pronunciada y grave de la institucionalidad nacional- no fue simplemente una respuesta coyuntural a los hechos, sino una definición de largo plazo más allá de la coyuntura y que además se había comenzado a encarar antes mismo de la emergencia. La reforma impositiva, la reducción del déficit y el no endeudamiento, además de la política de reducción progresiva de las cargas por deudas, consolidando un criterio integral de “vivir con lo propio”, fueron anteriores al colapso institucional y económico de la Argentina. También lo fueron la adopción y la instrumentación de los lineamientos estratégicos en turismo, forestoindustria, energía y logística, así como el reordenamiento productivo de Misiones (ver Plan Estratégico de la Provincia de Misiones, julio del 2000, Subsecretaría de Planificación y Gestión Estratégica).

Fue así que se establecieron herramientas de excelencia para operar en las áreas de mayor perspectiva de crecimiento y distribución del ingreso, como el turismo y la forestoindustria. Porque no sólo había que definir cuáles son las mejores actividades productivas para el crecimiento con justicia y equidad, sino que además había que generar los recursos para poder llevar adelante esas políticas. Esos planes y esas herramientas, que algunos sectores entendieron como coyunturales, están demostrando hoy que son operativas y se mantendrán en el tiempo, porque configuran políticas de Estado, y que continuarán más allá de los periódicos cambios de administración por la simple razón de que han sido asumidas como propias por la gran mayoría de nuestros ciudadanos.

Se ha alcanzado el equilibrio entre lo que se dice y lo que se hace. Este equilibrio entre el discurso y las cifras es la nueva impronta administrativa de Misiones, y quien pretenda de ahora en más guiar el rumbo adoptado mayoritariamente, deberá antes dar respuesta a la continuidad de la coherencia y la seriedad en el manejo de la cosa pública. Desde ahora, nadie podrá hacer ya promesas vacías de contenido, porque el pueblo de Misiones demanda definir con cifras, datos y referencias técnicas la manera en que esos planes y actuaciones se llevarán a cabo en tiempo real, permitiendo además la directa participación sectorial y ciudadana, no en el discurso vacío sino en los hechos.

DOS MODELOS, DOS POLITICAS

Por Tomás Plano

Joseph Stiglitz (premio Nobel de Economía) en su libro “El malestar en la Globalización” expone que ésta puede ser una fuerza benéfica si se controlan las consecuencias nefastas de su aplicación indiscriminada. Muchos fueron los países que adoptaron en los 90 una forma de gobernar “globalizante”, dejando en manos del mercado el rumbo de la economía. Diez años después los ricos eran más ricos, y las economías crecieron pero el reparto de ingresos resultó negativo en todos los casos. Se incrementó el desempleo, creció la pobreza y las economías no se mostraron estables, ni mucho menos. Quedó demostrado que los gobiernos no podía abandonar gratuitamente la tarea de planificar y gestionar, para transformarse en meros administradores de caja.

Ramón Puerta disolvió el instrumento de planificación provincial en 1991 sin reemplazarlo por otra herramienta de gestión. Tomó personalmente decisiones que -en el largo plazo- han significado una carga muy pesada para los misioneros. Por otro, obvió una malla de contención para que los sectores más desprotegidos resistieran la desregulación del mercado, especialmente el yerbatero al disolverse la CRYM.

Estos déficits se comenzaron a rectificar desde diciembre de 1999, realizando correcciones de fondo en cuanto a gasto, ingresos y endeudamiento hasta alcanzar el superávit primario en el 2002, un logro realmente significativo si se toma en cuenta el marco institucional de crisis profunda en el que se operó. Paralelamente, el gobernador Rovira definía desde el inicio de su gestión herramientas novedosas de planificación y gestión, a través de una secretaria de coordinación y un área específica dedicada a esta tarea.

Este primer acto de gobierno fue toda una definición, porque en lugar de las fuerzas del mercado se generó un órgano orientado a atender cada área estratégica de inversión en infraestructura, reorientando el gasto público para que tuviera mayor impacto social y territorial. Una política completamente opuesta a la aplicada hasta entonces por Puerta. La ruptura al interior del PJ no podía demorar, a la luz del abismo que separaba las posturas que cada uno representaba.

La “ley del mercado” había dejado a Misiones con pocos recursos, endeudada y sin políticas (para qué tenerlas si el capital decide). Hoy la realidad es distinta. Se han asignado recursos para mejorar el nivel de vida y se han instrumentado políticas para recuperar el rol protagónico del Estado como garante del equilibrio social y la justicia distributiva.

Quienes apoyaron el descarnado protagonismo del capital no se caracterizaron precisamente por dialogar. Jamás se apartaron del dogma excluyente del “pensamiento único”. Por eso resulta contradictorio que quienes ayer se adscribieron a esa línea, se presenten hoy como los más idóneos para conducir una nueva realidad de Misiones, caracterizada por la apertura, ofreciendo un “diálogo político” que jamás pusieron en práctica.
Por Tomás Plano

Joseph Stiglitz (premio Nobel de Economía) en su libro “El malestar en la Globalización” expone que ésta puede ser una fuerza benéfica si se controlan las consecuencias nefastas de su aplicación indiscriminada. Muchos fueron los países que adoptaron en los 90 una forma de gobernar “globalizante”, dejando en manos del mercado el rumbo de la economía. Diez años después los ricos eran más ricos, y las economías crecieron pero el reparto de ingresos resultó negativo en todos los casos. Se incrementó el desempleo, creció la pobreza y las economías no se mostraron estables, ni mucho menos. Quedó demostrado que los gobiernos no podía abandonar gratuitamente la tarea de planificar y gestionar, para transformarse en meros administradores de caja.

Ramón Puerta disolvió el instrumento de planificación provincial en 1991 sin reemplazarlo por otra herramienta de gestión. Tomó personalmente decisiones que -en el largo plazo- han significado una carga muy pesada para los misioneros. Por otro, obvió una malla de contención para que los sectores más desprotegidos resistieran la desregulación del mercado, especialmente el yerbatero al disolverse la CRYM.

Estos déficits se comenzaron a rectificar desde diciembre de 1999, realizando correcciones de fondo en cuanto a gasto, ingresos y endeudamiento hasta alcanzar el superávit primario en el 2002, un logro realmente significativo si se toma en cuenta el marco institucional de crisis profunda en el que se operó. Paralelamente, el gobernador Rovira definía desde el inicio de su gestión herramientas novedosas de planificación y gestión, a través de una secretaria de coordinación y un área específica dedicada a esta tarea.

Este primer acto de gobierno fue toda una definición, porque en lugar de las fuerzas del mercado se generó un órgano orientado a atender cada área estratégica de inversión en infraestructura, reorientando el gasto público para que tuviera mayor impacto social y territorial. Una política completamente opuesta a la aplicada hasta entonces por Puerta. La ruptura al interior del PJ no podía demorar, a la luz del abismo que separaba las posturas que cada uno representaba.

La “ley del mercado” había dejado a Misiones con pocos recursos, endeudada y sin políticas (para qué tenerlas si el capital decide). Hoy la realidad es distinta. Se han asignado recursos para mejorar el nivel de vida y se han instrumentado políticas para recuperar el rol protagónico del Estado como garante del equilibrio social y la justicia distributiva.

Quienes apoyaron el descarnado protagonismo del capital no se caracterizaron precisamente por dialogar. Jamás se apartaron del dogma excluyente del “pensamiento único”. Por eso resulta contradictorio que quienes ayer se adscribieron a esa línea, se presenten hoy como los más idóneos para conducir una nueva realidad de Misiones, caracterizada por la apertura, ofreciendo un “diálogo político” que jamás pusieron en práctica.

UN POCO DE REPETTO!

Por Tomás Plano


Dicen las malas lenguas que el candidato a vice del ingeniero Puerta, el polifuncional Dr. Repetto, está bastante molesto con su jefe porque lo dejó solo en para caminar los pueblos y los barrios de la provincia. Es aventurado imaginar qué otro tipo de actitud esperaba Repetto de un candidato que -hasta hace pocos días- no sabía aún si iba de candidato a vicepresidente con Sobisch, de presidenciable del PRO de Macri o se anotaba en una improbable salida de Scioli por fuera del kirchnerismo, siempre en el orden nacional claro. Las maniobras para adquirir protagonismo en los medios porteños, ya que no en la preferencia de los misioneros, no le dejaban tiempo para escuchar demandas.

Viendo los afiches de campaña de Puerta, no cabe menos que pensar que la demanda del Dr. Repetto es por lo menos ingenua. La gráfica lo dice todo: a nadie escapa en esta provincia que Puerta posee un cráneo de generosas dimensiones (cuando hablamos de gran cráneo nos referimos al diámetro de su cabeza). Por eso, llama la atención que, en comparación con la foto de Repetto, la de Puerta aparezca bastante desproporcionada, como si hubiese sufrido una jibarización (achicamiento) a través del “fotoshop” por computadora. Para que quede claro: al lado de Repetto, aparece chiquitito.

Otra particularidad del afiche, a veces transformado en cartel de grandes dimensiones, es que Puerta aparece casi escondido detrás de Repetto, como si pretendiese escudarse detrás de la figura de su vice para pasar inadvertido.

Claro que todas estas son disquisiciones periodísticas.

martes, 4 de septiembre de 2007

Puerta le pone fecha a su candidatura a presidente


Por Tomás Plano

El ex gobernador Ramón Puerta ratificó que nuevamente se presentará como candidato a gobernador de Misiones y reiteró que no es “presidenciable” en los comicios de octubre, después de diversos e infructuosos devaneos con el macrismo, el lavagnismo y los referentes del PJ de los 90 (Menem, los Rodríguez Saá), incluyendo al neuquino Sobisch y un frustrado intento de que Daniel Scioli se presentara a presidente por fuera del kirchnerismo. Ante esos malogrados entongues, donde importan más los nombres que las propuestas, afirmó "voy a ser candidato a Presidente en el 2011, y para eso tengo que ser el gobernador en 2007 ".

Puerta informó que el acto de lanzamiento de su candidatura a gobernador se realizará el 28 de agosto, posiblemente en el Anfiteatro de Posadas. Una fecha tardía, tal vez esperando que alguien le tire un cable desde las campañas nacionales, no importa desde donde, incluyendo a López Murphy o la Carrió.

En declaraciones efectuadas a FM República, relativizó el valor de las encuestas que marcan un 75 por ciento de su imagen negativa, apoyado en la supuesta recepción positiva que su fórmula ha tenido en la gente y en las (según sus palabras) “adhesiones que se siguen sumando desde los distintos sectores, acentuadas en la necesidad de volver a tener un gobierno receptivo a las necesidades del pueblo”.

Más allá de la capacidad del ingeniero Puerta para ser receptivo de las necesidades del pueblo, lo que se observa con este ir y venir político es su receptividad para atender las propias necesidades. Su cambio de opciones y de nombres, hablan más claramente que cualquier discurso. Una vez agotada la posibilidad de jugar en primera, colgado de algún acoplado o siendo incluido en alguna fórmula de peso a nivel nacional, sólo le queda el recurso de remontar un 75 % de imagen negativa para poder sobrevivir políticamente. El paralelismo con el derrotado Menem resulta inevitable. A nadie de su entorno escapa que una derrota por mucho margen lo transformará en una figura folclórica, más humorística que política, semejante al actual Menem candidato a gobernador, que perdió hasta en Anillaco.
Como dijo el general Perón, “en política se vuelve desde cualquier lado, de la cárcel o del exilio. Del único lugar desde donde no se vuelve es del ridículo”.

SERVILES Y PAGANINIS


Oscar Thomas y Daniel Llano

Cuenta el anecdotario político que en la época de la dictadura un viejo militante peronista entró a un bar cercano a la Comisión Legislativa, aquel engendro que inventaron para reemplazar a las cámaras. Allí se encontraba a tomar un café la caterva de politicastros que le hacían el juego a la dictadura. El militante entró al bar y pegó el grito de “serviles!”, ante el asombro de la concurrencia y el estupor de sus acompañantes. Hasta el barman se quedó helado. Nuestro protagonista lo encaró, y volvió a hablar en tono alto: “Juancito, no me escuchás!? Serviles una ronda de café a todos, que pago yo!”.

La historia señala el ambiente que se vivía en la época. Todo sabían que esos políticos eran serviles, pero el miedo a la represión aconsejaba no señalarlos. Desde entonces, se ha perdido el miedo de señalar a esa lacra de la política argentina, dispuesta a vender su “representatividad” a cambio de dinero o favores. No hace falta que sea en metálico -como decía un viejo tiburón de estas lides- “yo no quiero que me den, sino que me pongan donde hay”.

Se ha perdido el miedo. Pero no se ha perdido la costumbre de venderse al mejor postor, a cambo de dinero o de cargos. Nunca como ahora pudo observarse en Misiones esta verdadera transfugueada ("tránsfuga”, según el Diccionario de la Real Academia significa “persona que por dinero cambia de bandería política”).

La falta de honorabilidad que significa crecer políticamente dentro de un espacio, para después aprovecharse de ello “vendiendo” esa imagen al mejor postor, señala que dichos tránsfugas no estaban allí respondiendo a un proyecto, sino agazapados y dispuestos a saltar sobre el queso ni bien un trozo de dimensiones ajustadas a su codicia pasara por su lado. Por otro lado, señalan la inveterada costumbre de realizar pases casi tan caros como los del fútbol español, pero donde no son los spónsores ni la televisión ni las entradas a la cancha las que los pagan. Somos usted, y yo, y él y nuestros parientes y vecinos.

En el caso del pago directo, ese dinero no sale de los bolsillos de los promotores del pase. En general proviene de reservas realizadas por izquierda cuando formaban parte de otros gobiernos. Y si sale de sus bolsillos, no se preocupe que lo hacen con la clara intención de recuperarlo una vez logrado el acceso a alguna teta presupuestaria de la ordeñable vaca del Estado Provincial.

Esta es la práctica antigüa aceptada y reconocida por la vieja manera de hacer política en la Argentina. Y cuando decimos vieja, sólo hace falta escuchar el tango Cambalache de Discépolo para entender.

Como los misioneros perdieron el miedo a hablar, y porque pretenden desterrar estar prácticas para siempre de Misiones, hoy pueden señalar a quienes siguen operando de esta manera. El pueblo de Misiones quiere continuar con un proyecto de desarrollo de la mano de la RENOVACIÓN que le ha permitido recuperar la fe, al alcanzar concreciones como trabajo, vivienda, seguridad, estudios y salud. Y sabe que quienes manejan altísimas cuentas (la famosa valija) para rodearse de serviles durante las campañas, las termina pagando o ya las pagó el “paganini” de siempre. El propio pueblo de la provincia.

El candidato Puerta redefinió el diálogo político provincial


Por Tomás Llano


Respecto de las figuras que aparecen como sus oponentes en la oferta lectoral de octubre, el candidato Ramón Puerta recordó que Maurice Closs y Pablo Tschirsch “no pueden separar los discursos de los hechos que los siguen vinculando a la actual gestión gubernamental”. Como si esto fuera pecado. Puerta aseguró además que el gobernador Rovira utiliza “un estilo sordo a los reclamos, necesidades e intereses de la gente y que se caracteriza por la ausencia de un diálogo genuino y la falta de contacto entre gobernantes y gobernados”.

En dos frases, Puerta desnudó en profundidad cuál es su filosofía política, si tal denominación puede aplicarse a los casi epilépticos cambios de postura, de candidaturas y de opciones que ha realizado en los últimos meses. Por un lado, cataloga las realizaciones renovadoras (“los hechos” según sus propia palabras) como aspectos que restarían votos -en lugar de sumárselos- a los candidatos mencionados. Por otro, entiende la gestión de Carlos Rovira como un desempeño reacio a sentarse a conversar.

En ambos aspectos se equivoca. En el primero, porque resulta claro -a la luz de los hechos- que la gestión renovadora ha sido rica en realizaciones y avances, a pesar del corto tiempo de administración, luego del cambio legislativo del 2005 que por fin permitió destrabar todas las leyes transformadoras que se habían empantanado en una Cámara hostil. Mal puede resultar entonces contraproducente aparecer emparentado a estas políticas. Y así lo entiende el pastor Tchirsch, cada vez más complicado en su discurso para explicar por qué rompió con la Renovación, si no ve que se hayan cometido errores y a la vez afirma que la línea política es correcta.

En el segundo aspecto que se equivoca Puerta, y que da origen al título de esta nota, es en cuanto a lo que significa “diálogo político”. Para Puerta, dialogar significa escuchar a todos y no cumplir con nadie, a la vieja usanza de los caudillejos y capangas provinciales, con muchas sonrisas y abrazos para todos, pero nada de trabajo y desarrollo. Dialogar significa juntar a todos para las elecciones, y después hacer asados con el ingeniero Macri para repartirse el tesoro provincial (hay que recordar que, en su época, las empresas de Mauricio y su padre concentraron el 75 % de la obra pública provincial).

Para esta óptica, analizar, planificar y realizar obras y servicios con sentido social no es dialogar. Pero claro, es la distancia que media entre los hechos y las palabras la que les hace perder perspectiva a los miopes.

SOBRE CANDIDATOS Y PROYECTOS


Arq.Oscar Thomas y Daniel Llano


“En un escenario imaginario opino lo que opino”, fueron las palabras de Ramón Puerta cuando el periodismo le pidió precisiones acerca de su propuesta de que Scioli fuera candidato a presidente por fuera del espacio político que convoca en presidente Kirchner. En esta oportunidad, como en la anterior en que había lanzado desde otro “espacio imaginario” la candidatura de Mauricio Macri a la presidencia sin consultarlo, Puerta tuvo que poner marcha atrás y salir a explicar que todo lo que dice es desde un “espacio imaginario”.

Más allá de los desesperados intentos de encontrar un lugarcito a la sombra del poder, lo que se debe analizar respecto de estas posturas es la insistencia en poner siempre por delante los nombres, antes que las propuestas. Y entre esos nombres, claro, el de Puerta es el más mencionado.

Haciendo un breve repaso de las profusas declaraciones de Ramón Puerta en los últimos dos meses, llama la atención el uso constante de la primera persona. Ni siquiera el “nosotros”mayestático de los reyes. No, simplemente la automención respecto de que él será el reordenador del peronismo, su auto nominación como continuador sin mácula del ideario de Perón (aspecto muy largo de discutir, sobre el cual ameritaría escribirse otra nota) y otros papeles protagónicos. Sobre proyecto, sobre soluciones concretas, acerca de cómo terminar de pagar la deuda que dejó y varios etcéteras más, absolutamente ni una referencia.

Si lo que importan son los nombres y no las propuestas políticas, o mejor todavía, el proyecto político, la autocrítica personal que propone (y sobre la cual hasta ahora no ha vertido ni una pista) podría servirle para retornar al estrellato. Pero resulta que no estamos hablando de artistas de cine caídos en desgracia, ni de futbolistas lesionados. Estamos hablando de personas, de dirigentes que encarnaron un modelo de regresión económica, de concentración del poder en pocas manos, del cierre de la poca industria nacional que quedaba a principios de los 90, de la venta del patrimonio nacional, de un profundo endeudamiento a largo plazo que puso, pone y pondrá en dificultades cualquier programa de justicia social, crecimiento económico y soberanía política.

Al tirar candidatos al voleo, ayer Macri, hoy Scioli, mañana alguno de los Rodríguez Saá o él mismo, y por qué no el propio Carlos Menem, Puerta no hace más que desnudar una filosofía, una profunda toma de posición por parte de los espacios políticos que encarna: aquella donde lo que importa es la repartija entre unos pocos, aquella donde el modelo no aparece ni como mención al margen, porque de aparecer, nadie lo compraría.

Dentro de esta filosofía, la democracia, el libre albedrío, la soberanía popular, la conciencia colectiva y la madurez del pueblo argentino son fábulas para niños. Lo que importa es “cómo arreglamos” entre espacios de poder. Lo que interesa es limar el prestigio de los demás en base a maximizar y presentar como catastróficos los errores ajenos, eludiendo la responsabilidad de hablar sobre los propios, siempre utilizando la cosmética de hablar en general de las “historias de fracasos” que Puerta supuestamente asume, por supuesto sin dejar de hablar de sus éxitos. En esta maraña dialéctica, ninguno de los dos aspectos aparece claramente explicitado. Ni siquiera en simples porcentajes.

Pero como esta nota apunta precisamente a dejar de hacer política a partir de los nombres (los candidatos) y en cambio propone hacer política desde lo que realmente le importa a la gente (la propuesta en el caso de los candidatos menos capacitados o con poco equipo, el proyecto en aquellos casos donde se cuenta con las personas, la capacidad y sobre todo la experiencia de trabajar a esa escala mayor), es hora de que hablemos de proyecto.

Durante cuatro años la provincia de Misiones tuvo superávit fiscal, redujo la deuda, aumentó los sueldos, recaudó más y mejor estableciendo la justicia tributaria, desarrolló nuevas líneas de producción con más tecnología y valor agregado, aumentó sus exportaciones, incrementó el ingreso del pequeño productor, impulsando la justicia distributiva, y finalmente aumentó la cantidad y la calidad de los servicios al ciudadano a un ritmo y con un nivel de gasto sin endeudamiento (con recursos propios) jamás visto en estas latitudes. La cantidad de viviendas, de escuelas y de camas de hospital son apenas un registro contable de un esfuerzo que abarcó áreas como la informatización y la digitalización.

A esta altura, se corre el riesgo de caer en el panegírico propio (léase autobombo). Como entendemos que nuestra gente está cansada de este tipo de abusos dialécticos y discursivos, apenas mencionaremos esta breve síntesis o repaso para señalar que detrás de todo eso, hubo un PROYECTO en marcha.

Porque no hace falta abundar mucho más en enumerar las metas alcanzadas o en proceso de concreción. Basta confiar en la madurez del pueblo de Misiones para percibirlas. Nuestros hombres y mujeres saben que estamos hablando de un proyecto, y saben también que estamos hablando de un trabajo a largo plazo que no hizo más que comenzar, hace poco menos de cuatro años.

Y saben, más que nada y por encima de todo lo que le puedan decirles, que el proyecto se llama Renovación. No Juan o Pedro o el candidato de turno que se proponga como iluminado conductor mesiánico. Simplemente un proyecto, y la gente con capacidad y buena voluntad dispuesta a llevarlo adelante. Le toque a quien le toque conducir cada etapa.

La crisis financiera daña a los países en desarrollo

Para Reflexionar

El nuevo escenario mundial cambiará la percepción del riesgo, lo que impactará en el crecimiento de la economía. Ricardo Arriazu ECONOMISTA
La inyección coordinada de miles de millones de dólares por parte de los principales bancos centrales busca evitar una crisis semejante a la de 1929.
El inevitable ajuste de la economía de Estados Unidos es la principal causa de las recientes caídas en los mercados mundiales. El gasto nominal norteamericano ha mantenido en los últimos años una tasa de crecimiento superior a la sostenible en el largo plazo. Esto motivó una fuerte expansión de la actividad económica y un progresivo deterioro de sus cuentas externas. Sin embargo, a medida que la utilización de los recursos se acercó a los niveles de "pleno empleo", aumentó la presión sobre los precios haciendo que la inflación se ubicara por encima de la tasa considerada "aceptable" por la Reserva Federal.
Esta dinámica no se explica por el déficit fiscal norteamericano (que se ha ido reduciendo) sino por el crecimiento del consumo privado debido al incremento en el precio de las viviendas. El efecto riqueza generó tasas de ahorro negativo en el sector privado, situación que se debía ajustar.
En un primer momento, el anterior presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, intentó afectar expectativas a través de sus discursos, lo cual no tuvo efecto. Ante este fracaso, la Reserva Federal optó por el incremento en las tasa de interés de referencia. Esta medida buscaba frenar el consumo para atenuar las presiones inflacionarias.
Durante los años de auge prácticamente nadie quería perder la oportunidad de mejorar su patrimonio mediante la compra de inmuebles. El mercado de préstamos hipotecarios vio crecer la porción de los denominados créditos "sub-prime" (préstamos a personas que no califican para operar a través del sistema bancario). La amplia liquidez existente llevó al abandono de las más básicas normal prudenciales y muchas entidades competían en su afán de expandir su cartera hipotecaria, menospreciando el riesgo.
Muchas transacciones se realizaron financiando hasta el 95% del valor de la vivienda, con préstamos a tasas variables o escalonadas. Se buscaba facilitar la compra y los pagos de las primeras cuotas. Estas operaciones se ubican en el centro de la actual crisis financiera. La suba de las tasas de interés afectó al mercado inmobiliario. Las mayores tasas encarecieron los créditos y disminuyeron la demanda de viviendas. Los stocks de inmuebles sin vender aumentaron considerablemente y los precios frenaron su crecimiento. Así, el aumento de los costos y la caída en el valor de los activos impactó con fuerza sobre la situación patrimonial de las personas, afectando la capacidad de cancelación y refinanciación de los créditos. Muchos deudores dejaron de pagar sus préstamos, y cerca de un millón de viviendas pasaron a formar parte de la cartera de las entidades que financiaron su compra. La caída en el valor de estos activos fue tal vez más relevante de lo que se esperaba. Los fondos dedicados a este tipo de operaciones sufrieron las primeras pérdidas aunque la caída no frenó allí.La mayoría de estos préstamos riesgosos fueron realizados por fondos especializados, pero con aportes de otras entidades financieras, por lo que al generalizarse las pérdidas de estos fondos los problemas crediticios se extendieron a otros mercados y a otras entidades. En una economía globalizada (en particular en lo financiero) es imposible impedir que los problemas financieros en un país determinado se transmitan a otros mercados. Las inversiones europeas en el mercado inmobiliario de los Estados Unidos superaban los cien mil millones de dólares. La mitad de estas inversiones fueron canalizadas por fondos especializados, pero el resto fue financiado directamente por entidades financieras. Las restricciones al retiro de fondos por parte del banco francés Paribás (corralito) reflejan la profundidad y expansión de la crisis, repercutió negativamente en los mercados europeos y generó problemas de liquidez en el sistema financiero. La creciente preocupación de los inversores hizo que estos buscaran posiciones más seguras, reduciendo activos de riesgo (entre ellos, acciones y bonos en países emergentes).En momentos de baja percepción de riesgo, los inversores pidieron prestado en Japón y en Suiza para colocar fondos en plazas más rentables ("carry trade"). En consecuencia, se depreciaba el yen y se apreciaban la mayoría de las otras monedas o aumentaban las reservas. Ese dinero era luego destinado a la compra de activos en esos países (bonos, acciones e inmuebles), generando aumentos de precios que se reflejaban en una baja del riesgo país.
Al cambiar la percepción y el apetito por el riesgo, se venden estos activos provocando caída de sus precios, suba del dólar y caída de reservas. Los fondos provenientes de estas ventas se destinan a cancelar créditos (apreciación del yen) y a la compra de activos considerados de bajo riesgo (bonos en EE.UU. y también en Europa) con la consiguiente suba de sus precios (bajas de tasas de interés). Al ir a EE.UU., el dólar se aprecia.
El nuevo escenario mundial nos mostrará seguramente un cambio sostenido en la percepción del riesgo. Las mayores tasas y un mercado de crédito más acotado impactarán en el crecimiento de la economía mundial y, especialmente, en el de las economías en desarrollo.Este ajuste era previsible hace más de un año. La creación de fondos anticíclicos y otras medidas de precaución eran aconsejables. En este nuevo contexto internacional, los países prudentes gozarán de mayor confianza y podrán superar las turbulencias con más tranquilidad. Los imprudentes, en cambio, pagarán el costo de sus excesos.
Argentina podrá atenuar los vaivenes de la economía mundial si los precios agrícolas se mantienen. Los bajos "stocks" de productos agrícolas son, por lo tanto, una buena noticia.


miércoles, 29 de agosto de 2007

Surgen mayores dificultades para seguir creciendo


En plena turbulencia financiera, los números de la economía real siguen dando señales positivas. Salvo que, en el nuevo contexto, los requisitos económicos e institucionales para mantener el paso serán mayores que en el pasado inmediato.El estimador mensual de actividad económica de junio tuvo un incremento del 8,3% en relación al del mismo mes del año pasado y estimaciones privadas consideran que el crecimiento de este año estará cerca del 8%, si las condiciones financieras externas no se deterioran.Dentro del conjunto, el crecimiento de la industria se redujo -en parte por la escasez de energía-, pero el consumo interno y las exportaciones sostuvieron el impulso.Como consecuencia de esta tendencia la tasa de desempleo trimestral bajó al 9,8% de la Población Económicamente Activa, si se computan como desocupadas las personas que reciben planes sociales. Se trata de una tasa todavía elevada pero que es aproximadamente la mitad de la que se alcanzó en 1995 y en lo más profundo de la crisis pasada.En este contexto algunos indicadores muestran la necesidad de introducir cambios. Uno de ellos es el gasto público, que tuvo un importante aumento en los últimos meses por pago de salarios, jubilaciones y subsidios, y que ha sido compensado sólo parcialmente por la mejora en la recaudación. Esto hace evidente que una vez avanzado el calendario electoral se planteará la necesidad de hacer ajustes para recomponer el superávit. Las nuevas condiciones externas plantean la necesidad de dar señales inequívocas de que no habrá retrocesos en la política de mantener un elevado superávit fiscal. Otro elemento de preocupación es la reducción del superávit comercial ya que, si bien las exportaciones, especialmente las vinculadas al agro, están en aumento, las importaciones han crecido a un ritmo mayor empujadas principalmente por el consumo. Queda finalmente por remontar la escasez energética.El Gobierno ha reaccionado ante la presión de la importación sobre la industria local, con una serie de medidas de control y requisitos administrativos, para evitar competencia desleal o violaciones a normas de seguridad o salubridad.La medida es oportuna no sólo por el avance de algunos bienes de origen chino, sino también porque por la previsible retracción de la demanda mundial, muchos exportadores quedarán con grandes saldos invendidos que tratarán de colocar en los mercados a bajo precio.Hay que tener en cuenta, no obstante, que medidas preventivas como las anunciadas pueden resguardar a algún sector en forma coyuntural, pero que la única defensa de largo plazo ante la competencia externa es mejorar la productividad y competitividad de la oferta local.Para eso son necesarias la inversión y la renovación tecnológica en la industria, el agro y los servicios transables, una mejor disponibilidad de crédito para la exportación y mas apoyo para el estudio y la penetración de mercados externos.Otro elemento a considerar es que, aunque la economía local tenga una posición sólida para afrontar la crisis financiera, en lo cual juega un papel decisivo la política de acumulación de reservas, las condiciones en las que se desenvolverá serán más severas que en el pasado inmediato: el crédito para los sectores público y privado será más caro, la demanda mundial de exportaciones argentinas se reducirá y la presión importadora será más intensa.El nuevo cuadro obliga, por lo tanto, a extremar los cuidados en materia de equilibrios macroeconómicos y de calidad institucional. La economía real sigue dando señales positivas en crecimiento y desempleo, pero no en superávit fiscal y comercial. Las medidas para defender la industria pueden tener efecto coyuntural, pero es necesario mejorar la competitividad. Por la crisis financiera será más difícil seguir creciendo. Es necesario mayor cuidado en la economía y en calidad institucional.

El Señor es mi Pastor

Por Oscar Thomas

“Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina”. “Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido, volverse atrás del santo mandamiento que les fue dado” (Epístolas de San Pedro 2:1 y 21).


Durante toda la campaña electoral del año 2003, cuando se logró derrotar definitivamente en Misiones al proyecto de la falta de solidaridad cristiana que proponía el “sálvese quien pueda”, escuchamos con respeto las palabras del entonces candidato a vicegobernador, Pablo Juan Tchirsch, cuando informaba a la ciudadanía que el nuevo espacio denominado Renovación estaba compuesto no por políticos tradicionales, sino por buena gente con buenas intenciones y un programa para hacerlas realidad. En muchos actos y encuentros defendió su participación en la política debido a la naturaleza de este nuevo espacio, no contaminado -según sus propias palabras- por los antiguos vicios del clientelismo, el personalismo y el reparto de cargos. Agregaba además que lo más importante de la Renovación es que mostraba un proyecto de vida y esperanza para la ciudadanía, con logros ya alcanzados en parte durante la conflictiva administración desde 1999 hasta ese año de 2003, en la cual fue ministro de Educación y Cultura.

Hoy, después de romper con la Renovación, ha tenido la hidalguía de reconocer que siempre se ha trabajado en la línea correcta, que no hay corrupción y que el proyecto renovador sigue siendo viable. Cabe preguntarse entonces, si el proyecto es el correcto y la gente que lo lleva adelante es buena, ¿por qué se va de su seno para aliarse con exponentes de las viejas prácticas políticas que alguna vez criticó?

Esta es la pregunta que Pablo Tchirsch no ha sabido contestar hasta ahora.

Cuando la Renovación decidió elegir un candidato por consenso -luego de que se demostrara inviable la reelección del gobernador Carlos Rovira- fueron varios integrantes de este espacio los que propusieron su nombre. Pero ninguno dijo “iré como gobernador o no iré como nada”. En una mesa de pares, donde convivimos todos aquellos que aportamos nuestro granito de arena para que renovar la política en Misiones fuera un hecho y no mero palabrerío, la postura intransigente de Tchirsch quedó plasmada como una imposición.

Nadie se sienta a una mesa de negociación planteando que su postulación deberá imponerse o no habrá negociación alguna.

A pesar de ello, varios compañeros plantearon que la figura de Tchirsch debía ser tomada en cuenta, dado que mostraba un grado de reconocimiento alto en las encuestas, y porque además era una figura que permitiría la intermediación entre los espacios que habíamos fundado y que llevábamos adelante el programa renovador. Lo único que se le pidió al vicegobernador fue que se acordara un programa y que se definiera una política de equilibrio entre esos espacios.

La respuesta fue un incremento en la campaña personalista, y la aparición en los medios de personas que nunca tuvieron nada que ver con la Renovación, presentándose como voceros de Tchirsch, hablando de un nuevo gabinete de Tchirsch compuesto por figuras ignotas, e incluso denunciando corrupción en el gobierno, ante lo cual el propio vicegobernador tuvo que salir a desmentir, por el riesgo que implica denunciar algo después de ocho años de convivencia.

A la impericia de estos nuevos voceros, se sumó una convocatoria amplia a personas que apoyaran la candidatura del vicegobernador, para debatir un nuevo proyecto de provincia. Los resultados fueron muy magros. Un listado de buenas intenciones, sin definición de herramientas o de presupuestos -y además sin explicaciones de dónde se obtendrán los recursos- fue el resultado. “Se bajarán los impuestos y se subirán los sueldos”, fue la consigna.

Nada más contrario a la política renovadora a la cual adscribió y a la que todavía defiende Tchirsch. Porque la frazada es corta. Si se bajan los impuestos, no se pueden aumentar los salarios, excepto tomando deuda. Eso lo acerca más a Puerta y Menem que a la Renovación.

¿Desde que ámbito habla Pablo Tchirsch cuando dice esto? Ciertamente no lo hace como pastor de los humildes, porque en Misiones -y él lo sabe perfectamente- los impuestos que se cobran a los ricos se vuelcan en servicios y obras para los más necesitados. No hace falta reiterar un largo listado de obras y avances para confirmarlo. Por eso, cabe preguntarse si dicho planteo no se realiza desde el otro costado de la personalidad del candidato. El de fuerte empresario tealero que vería con buenos ojos bajarse los impuestos, con la promesa incierta de aumentar los salarios, cuando sabe muy bien que a menos impuestos menos fondos para distribuir y hacer obras.

Esa espiral ya la vivimos. Los argentinos sabemos que es imposible generar empleo e impulsar desarrollo dejando la política en manos del mercado.

Por otro lado, la técnica de convocar a la colancia para definir un programa, sin contar con equipos técnicos adecuados, también se asemeja a las convocatorias vacías del pasado, cuando se engañaba a la gente diciéndoles que estaban participando de la plataforma política y el programa de un partido, mientras en realidad todo eso estaba ya resuelto de antemano. Con el mayor de los respetos hacia la gente que respondió a esa convocatoria, deseo preguntarles: ¿alguno de ellos vio en esas reuniones a los profesionales, cuadros técnicos, especialistas, coordinadores o personas idóneas que durante todos estos años hicieron realidad las políticas de inclusión social y desarrollo de la Renovación?

Cuando alguien se va de un espacio político no se va solo. Y si ese espacio político es superador del anterior, la mejor gente se va en conjunto, como sucedió en el 2003 dentro del justicialismo, el radicalismo y otras fuerzas para conformar la Renovación. Se van por el proyecto, no por simples espacios de poder o por ambiciones personales.

El Hombre el Arco y la Flecha


Por Oscar Thomas y Daniel Llano

Dice un antiguo proverbio chino que “deben ser correctos el hombre, el arco y la flecha, porque si alguno de ellos no es el adecuado, se errará el blanco”.

No sirve de nada un proyecto político, una estrategia que se proponga al conjunto de la ciudadanía, sin una conducción idónea para llevar esa propuesta adelante. Este es el hombre del proverbio chino.

Pero si el arco -el instrumento- no es el adecuado, de nada servirá una buena conducción. En este caso, el arco del proverbio chino es el equipo de trabajo que aplica el proyecto en el terreno, en el campo de la sociedad real. Un dirigente sin equipo es como un arquero sin arco, le meten goles de todos lados.

Y finalmente, si la flecha está torcida o desbalanceada, tampoco se logrará el objetivo final, que es acertar el blanco. En este caso, se trata de las políticas que terminan afectando directamente la vida de la gente. Son las decisiones centrales en cuanto a salud, educación, seguridad, trabajo y servicios. Son las decisiones en infraestructura, en obra pública. Y también las de recaudación, ahorro e inversión.

En el caso de la flecha no hay lugar a discusiones: se acierta o yerra el blanco. No hay medias tintas. Se puede discutir sobre el color del mar, si es azul grisáceo o gris verdoso, pero lo que no se puede discutir es que el mar es salado. Es decir, se juzga por el resultado.

Hoy asistimos a la resurrección de figuras notorias de la década de los 90, bajo el sello de un Partido Justicialista fragmentado y en crisis, donde algunos de sus candidatos no saben (como en el caso del ingeniero Puerta) si van de gobernadores o de presidentes. Al verlos juntos de nuevo, no podemos menos que preguntarnos cuál ha sido el legado que dejaron al pueblo argentino esos dirigentes del pasado, hoy con ganas de reestrenarse. Es decir, los resultados concretos de sus políticas.

Para ser justos, podemos alegar en su favor que gracias a la apertura de nuestro mercado accedimos a determinadas tecnologías, antes lejanas para el poder adquisitivo argentino. También que se hicieron obras de infraestructura de gran tamaño. Y por supuesto, que fuimos, como nunca, reconocidos en el mundo con visitas e invitaciones extranjeras de todo tipo. Todos estos argumentos están siendo esgrimidos por esa dirigencia del pasado, como justificativo para lograr que la voluntad popular los elija de nuevo.

Pero reflexionemos un poco. Analicemos el costo que ha tenido para el pueblo argentino el acceso a cierta tecnología de punta, por ejemplo. Antes la tecnología quizás no era tan de punta, pero era nacional. Con la apertura cavallista, se terminaron de enterrar aquellos intentos de la década del 50, cuando un gobierno nacional (en serio nacional) pretendía fabricar autos, aviones, navíos, centrales atómicas, teléfonos y por qué no heladeras, cocinas y lavarropas también 100 % nacionales. En los 90 dimos un salto momentáneo, pero como el dinero con que comprábamos esa tecnología estaba artificialmente inflado, ese salto fue una fantasía. Hoy tenemos que comprar afuera hasta los cartuchos de la compu, y a precio dólar de verdad.

En cuanto a las grandes obras de infraestructura, cabe decir que éstas se hacen al servicio de la producción. Pero si un país no produce, ¿para qué quiere rutas, por ejemplo? ¿Tal vez para favorecer a empresas amigas? El recuerdo de nuestras vacías carreteras nacionales, con escasos camiones, alcanza para confirmar este acierto. Si la política económica no apunta al desarrollo, los productores no pueden pagar impuestos. Si no se pagan impuestos, las obras se hacen con deuda. Y esa deuda no la pagan los políticos que las contrajeron, sino los propios productores y el pueblo en general.

Ahora entendemos por qué fuimos tan bien recibidos en todo el mundo en aquella época. Fuimos, nada más y nada menos, un excelente negocio para quienes querían quedarse con el patrimonio acumulado de los argentinos. Para aquellos que, conociendo nuestra capacidad productiva y nuestra inteligencia en el trabajo, sabían que las deudas contraídas no desaparecen por un cambio de administración pública. Los políticos son contingentes, la Nación es pura permanencia.

En definitiva, el pasado los condena. Ni el hombre, ni el arco ni la flecha eran los adecuados.

Pero hablemos en positivo. Porque si hablamos sólo del pasado, sin proponer opciones hacia el futuro, estaríamos cayendo en el mismo pecado de pretender unir voluntades a partir de dudosas premisas.

La debacle de un modelo concentrador, aperturista y endeudador abrió nuevos rumbos en el país y en la provincia. El futuro comenzó a surgir como un tiempo digno de ser vivido, y no como la amenaza de ejecuciones prendarias a repetición. Esto no es simplemente haber dejado de lado prácticas políticas espurias. Significa -en lo profundo- que una nueva esperanza está anidando en el pueblo argentino.

Después de haber vivido (y sufrido) tres procesos de “plata dulce” (Martínez de Hoz-Videla, Sourruille-Alfonsín y Caballo-Menem) los argentinos aprendimos que los globos macrofinancieros no tienen nada que ver con nuestro espíritu creativo, trabajador y nacional. Pueden significar mucha pizza y champán en su momento, pero después, a la hora de pagar la provista, los que invitaron a la parranda se hicieron humo y hubo que ponerse.

Por eso, la estabilidad económica a partir de un signo monetario adecuado al tamaño de nuestro país no es un tema menor. Tampoco lo es haber recuperado la capacidad de financiar producción e inteligencia a partir de recursos genuinos y no con endeudamiento. Y mucho menos aún lo es haber establecido una estrategia de largo plazo, hoy defendida mayoritariamente por empresarios y productores. Porque todo eso significa futuro. Significa estabilidad y significa seguridad para invertir, para crecer, para formar una familia o elegir una profesión.

Nada de esto está incluido en la propuesta de la vieja dirigencia. No quieren hablar en serio del futuro, sólo aceptan hablar sobre supuestos logros del pasado, pero muy especialmente eligen declamar sobre el presente, señalando errores, denunciando supuestas corrupciones, colocándose como fiscales morales de la Nación. Cualquier ronda de amigo en una pizzería, con cerveza y sin champán, les diría a estos avivados: “está bien, vení, pero antes ponete porque siempre te rajás sin pagar”. Lo malo para este remozado frente político es que la deuda que dejaron es tan grande, que no les alcanza con todas sus amplias posesiones para responder el saldo. Y esto sólo si hablamos de lo material, porque la deuda espiritual es más grande.

El primer deber de un político es hacerse cargo de sus errores

Michael Ignatieff POLITOLOGO (UNIV. DE HARVARD), VICEPRESIDENTE PARTIDO LIBERAL DE CANADA

La guerra de Irak ha enfrentado a intelectuales y políticos con opciones gravísimas. En unos y otros, el sentido de la realidad y el peso de las ideas difieren. Pero en todos debe primar la noción de que sus actos y opiniones arrastran a todos los demás por los que están decidiendo.
La catástrofe de Irak ha servido de argumento para condenar el criterio político de un presidente. Pero también el criterio de muchos otros —yo entre ellos— que apoyaron la invasión .
Muchos pensamos que era la única oportunidad que tenía su generación de disfrutar de libertad en su país. Qué lejano parece ahora ese sueño . Desde que dejé mi cargo en Harvard, en 2005, y volví a Canadá para incorporarme a la política, no dejo de pensar en el desastre de Irak, de intentar comprender de qué forma las opiniones que debo emitir hoy en política tienen que ser mejores que las que ofrecí hasta ahora . He aprendido que, para tener buen juicio en política, hay que empezar por reconocer los errores .
El filósofo Isaiah Berlin dijo que lo malo de los intelectuales es que les importa más que las ideas sean interesantes que ciertas . Los políticos viven tan pendientes de las ideas como los pensadores profesionales, pero no pueden permitirse el lujo de tener en cuenta ideas que sean meramente interesantes. Tienen que trabajar con el escaso número de ideas que son ciertas y con el todavía más escaso de las que sirven para la vida real .
En el mundo académico, las ideas falsas no son más que falsas, y las inútiles pueden resultar divertidas. En la vida política, las ideas falsas pueden arruinar las vidas de millones de personas y las inútiles pueden malgastar recursos preciosos . La responsabilidad de un intelectual respecto a sus ideas es seguir sus consecuencias hasta donde le lleven. La responsabilidad de un político es controlar esas consecuencias e impedir que hagan daño.
He aprendido que el buen juicio en política es distinto del buen juicio en la vida intelectual . Entre los intelectuales, juzgar es cuestión de generalizar e interpretar hechos concretos como ejemplos de alguna gran idea. En política, una cosa es lo que es, y nada más . Lo concreto importa más que las generalidades. La teoría estorba.
La cualidad que sirve de base a los políticos para tener buen juicio es el sentido de la realidad. "Lo que se llama sabiduría en los estadistas", escribe Berlin, en referencia a figuras como Roosevelt y Churchill, "es comprensión , más que conocimiento; cierta familiaridad con los hechos relevantes que les permite saber qué encaja con qué; qué puede hacerse en determinadas circunstancias y qué no, qué métodos van a ser útiles en qué situaciones y en qué medida, sin que eso quiera necesariamente decir que son capaces de explicar cómo lo saben ni incluso qué saben". Los políticos no pueden permitirse el lujo de refugiarse en el mundo interior de sus propias suposiciones. No deben confundir el mundo existente con el que les gustaría que fuese . Deben ver Irak —o cualquier otro sitio— tal como es.
Como antiguo profesor en Harvard, he tenido que aprender que el sentido de la realidad no siempre florece en las instituciones más selectas. Es la virtud de la calle por excelencia . La forma de comprender mejor la realidad es enfrentarse cada día al mundo y aprender, sobre todo de nuestros errores , lo que sirve y lo que no.
El hecho de haber enseñado ciencia política me permite decir que es una disciplina que promete más de lo que luego cumple. En la práctica política, no existe una ciencia de la toma de decisiones . Lo que un político tiene que juzgar cada día es, sobre todo, a las personas: en quién confiar, a quién creer y a quién evitar . La cuestión de la lealtad surge a diario: ¿quién va a traicionarme y quién me será fiel? Tener buen criterio en estos asuntos, tener sentido de la realidad, exige confiar en instintos muy poco científicos sobre la gente.
El sentido de la realidad no es sólo un sentido del mundo tal como es, sino como podría ser. Los grandes políticos, como los grandes artistas, ven posibilidades que otros no ven, y tratan de convertirlas en realidades. Para llevar a cabo algo nuevo, el político necesita tener sentido de la oportunidad , saber cuándo dar el salto y cuándo permanecer quieto. En una frase famosa, Bismarck definió el juicio en política como la capacidad de oír, antes que nadie, el distante ruido de los cascos del caballo de la historia . Pocos oyen venir a los caballos. En una ocasión preguntaron a un primer ministro británico qué era lo que hacía más difícil su trabajo. "Los acontecimientos, querido amigo", contestó con pesar. Ante un acontecimiento inesperado, el virtuoso de la política debe ser capaz de improvisar y aparecer lo más imperturbable posible .
La improvisación puede no evitar el fracaso. La partida suele acabar en llanto. Muchas carreras políticas acaban mal porque los políticos experimentan una situación humana: la de escoger entre cosas opuestas sin poder recurrir más que a unos instintos corrientes y una información falible. Por supuesto, una mejor información y unos criterios objetivos para tomar decisiones pueden reducir el margen de incertidumbre. Los puntos de referencia para juzgar los progresos en Irak pueden ayudar a decidir cuánto tiempo más debe quedarse Estados Unidos. Sin embargo, a la hora de la verdad, nadie sabe —porque nadie puede saber— qué pueden hacer todavía los estadounidenses para lograr la estabilidad en Irak.
La decisión que tiene que tomar Estados Unidos sobre Irak es paradigmática del tipo más difícil de juicio político . Tanto marcharse como quedarse tienen un costo inmenso. Hay una cosa clara: el precio de quedarse lo pagarán los estadounidenses, mientras que el precio de irse lo pagarán, sobre todo, los iraquíes. Sólo esto ya indica qué decisión es la más probable.
Pero tienen que decidir, y pronto . Los retrasos y vacilaciones son más caros aún en la política que en la vida privada. El letrero que tenía Truman sobre su mesa —"¡La responsabilidad final es mía!"— nos recuerda que los que toman buenas decisiones en política suelen ser los que no rehúyen la responsabilidad de hacerlo . En el caso de Irak, decidir qué rumbo emprender ahora exige reconocer que todos los planes hasta ahora han fracasado.
En política, aprender de los fracasos es tan importante como explotar los éxitos . La frase de Samuel Beckett "Fracasa otra vez. Fracasa mejor" expresa la tenacidad necesaria para practicar el arte de la política.
En la vida privada, el precio de nuestros errores lo pagamos nosotros mismos. En la vida pública, los primeros que pagan los errores de un político son otros . El buen juicio significa saber ser responsable ante quienes pagan el precio de nuestras decisiones. Cuando Edmund Burke fue elegido por primera vez para la Cámara de los Comunes, aseguró a los electores de Bristol que nunca sacrificaría su propio criterio a las presiones que ejercieran ellos para imponer su opinión. No estoy seguro de que a mis votantes les gustara oír eso. A veces, sacrificar mi criterio en favor del de ellos es la esencia misma de mi trabajo. Siempre, claro está, que no sacrifique mis principios .
Quienes de verdad mostraron buen juicio sobre Irak fueron los que predijeron las consecuencias que luego hemos visto, pero también valoraron acertadamente los motivos que había detrás de la acción. No es que supieran más cosas que nosotros. Reflexionaron, como todos, a partir de las mismas informaciones equivocadas y el mismo desconocimiento de la historia de Irak, partidista y llena de fisuras. Sin embargo, lo que no hicieron fue confundir los deseos con la realidad . No supusieron que era posible construir un Estado libre sobre los cimientos de 35 años de terror policial.
Yo cometí este error y alguno más. La lección que he aprendido es que debo dejarme influir menos por las pasiones de personas a las que admiro —los exiliados iraquíes, por ejemplo— y dejarme llevar menos por mis emociones. En 1992 visité el norte de Irak. Vi lo que Saddam Hussein había hecho a los kurdos y no me cupo duda de que tenía que irse . Mis convicciones tenían toda la autoridad de la experiencia personal, pero, precisamente por eso, dejé que la emoción me impidiera hacerme las preguntas fundamentales.

Copyright Clarín y Michael Ignatieff, 2007. Distribuido por The New York Times Syndicate .

Cuidado que viene el lobo!

Oscar Thomas y Daniel Llano

Cabe preguntarse: cuando el pastorcito mentiroso gritaba que venía el lobo, ¿no estaba trabajando inocentemente para el temible depredador? Porque, más allá de la responsabilidad del pastorcito, el que terminó llenándose la panza -sin recibir ningún garrotazo- fue el lobo.
La campaña de desprestigio lanzada contra la administración renovadora desde los medios afines al ingeniero Puerta, se asemeja mucho al grito destemplado del pastorcito. Cada punto criticable o inventado sobre el gobierno provincial es llevado a título catástrofe en los diarios, o merece horas de programación radial, intentando producir desgaste y el descontento de la gente con la renovación. Si esos puntos se aclaran después, o terminan deslavándose por falta de respaldo probatorio e incluso de lógica o razonabilidad, no importa, el resultado buscado se ha logrado.
Y es aquí donde podemos observar la reedición de dos antiguas fábulas, ahora fusionadas. La del pastorcito mentiroso, y la del lobo que se disfrazó de oveja.
Tras algunas décadas de democracia, y gracias a la libertad de comunicarse que ofrece Internet, donde todo resulta más difícil de esconder, los argentinos hemos aprendido que existe una raya que divide dos opciones. Esa raya es la que separa a los que están interesados por la gente, de aquellos que están interesados sólo en ellos mismos. O en sus intereses de grupo y de clase.
No se trata de ningún reduccionismo político, simplemente una constatación práctica de lo que cada uno hizo al estar al frente de la administración pública. Es decir que la madurez política del pueblo argentino -y en especial del misionero- deviene de los hechos, no de las palabras. Y es en los hechos donde se termina referenciando mayoritariamente la gente, más allá de las campañas de prensa que intentan disfrazar a lobos de corderos.
Para profundizar un poco, comencemos por algunas preguntas sencillas. ¿Cómo hace el productor, el pequeño empresario, el colono o cualquier representante del esforzado mundo del trabajo para desarrollarse, alimentar a su familia, enviar sus chicos a la escuela y curarse en salud? Pues poniendo el esfuerzo de su trabajo al servicio de estos objetivos, y utilizando el ahorro para invertir acertadamente y en el momento justo. Si hacemos una traslación de este esquema sencillo hacia el más complejo de una provincia, podemos decir que el ahorro de una comunidad es tanto el acumulado por tributaciones como los fondos que de ese esquema se destinan a financiar emprendimientos convenientes para el buen desempeño de dicha provincia.
El Banco de la Provincia de Misiones (BPM), hasta antes de la gobernación del ingeniero Puerta, era la caja inversora que la gente de trabajo utilizaba para crecer . Se trataba de una institución que apoyaba a los emprendedores, quienes satisfechos devolvían los créditos a una tasa de cumplimiento muy superior a la de otras instituciones. Porque el colono, el productor, el emprendedor en general de Misiones, son gente de palabra. Ahora bien, ese instrumento de ahorro y financiamiento del pueblo misionero comenzó a mostrar carpetas de créditos voluminosas e impagas, no precisamente por falta de pago de los pequeños clientes, sino por el manotazo e incumplimiento de los grandes (los llamados "clientes políticos").
Esa falta de operatividad para el objetivo que había sido creado (fomentar el crédito para el desarrollo provincial) fue escondida detrás de una supuesta ineficacia en las prestaciones. El primer paso del entonces gobernador Puerta, fue plantear al Poder Legislativo una ley de privatización bastante interesante, que proponía entre otras cosas que no se perdiera la potestad estatal mayoritaria sobre el BPM, y que sólo se privatizase la administración y otros etcéteras varios de muy buen tono político. Claro que, a la vuelta de la esquina, estaba el lobo escondido. Resulta que también había una ley de "superpoderes", que otorgó al supuestamente bien intencionado pastorcito -perdón, ingeniero- la potestad de privatizar absoluta e inconsultamente la herramienta de ahorro y financiamiento de todo un pueblo, por decreto!!
Desde ese momento, sólo los poderosos tuvieron acceso al crédito. Sólo los que poseían el respaldo patrimonial suficiente podían adecuarse a las tasa de una banca privada sin competencia. El modelo se generalizó a nivel país. Lentamente comenzaron a secarse las fuentes de crédito para los menos pudientes, y también -con el devenir del tiempo- para muchos medianos e incluso grandes empresarios.
Pero claro, había que hacer obra pública a pesar de que la economía declinaba año tras año. Y si no se contaba con herramientas tributarias o financieras propias, lo más fácil era adquirir deuda. Y vaya si Puerta lo hizo, dejó más de 3.000 millones de pesos de lastre sobre la espalda de los misioneros.
Para no desentonar con la política instrumentada de cerrar el BPM y entregar su operatoria a la banca privada por unos pocos millones de pesos y muchos desempleados en la calle y deudas a cargo del erario público, continuó con el cierre de cooperativas, aserraderos y secaderos de yerba o té, y el abandono a su buena suerte al colono misionero.
Esta historia comenzó a cambiar en Misiones desde diciembre de 1999, a pesar de las bajadas de línea a un gabinete hostil que hizo lo que mandaba el capanga hasta diciembre del 2003, a pesar de que el modelo concentrador estalló al ritmo de los cacerolazos y del grito de que "se vayan todos", a pesar de una legislatura que se dedicó a obstruir sistemáticamente todas las medidas de reordenamiento estatal hasta el 2005. El crédito renació en Misiones, a pesar de no contar ya con un banco provincial. No sólo el crédito financiero, sino el crédito que significa acceder con tasas bajas a la compra de un tractor, a poner en valor emprendimientos de todo tipo, a desarrollar una carrera profesional, a adquirir herramientas, animales e insumos con préstamos a la tasa más baja del país, porque está subsidiada con recursos propios, no con más deuda.
¿Cuánto tiempo podía resistir un país como la Argentina con un signo monetario superior al de su vecino Brasil, más grande territorialmente, más poblado y más desarrollado económicamente? Sólo el tiempo en que la fantasía endeudadora se pudiera sostener. De la misma forma que los lobos dejaron a gran parte del pueblo argentino cautiva de sus tarjetas de crédito con saldo negativo, lo dejaron al país. Pasamos de deudores a cautivos de la usura, indefensos corderos ante la voracidad de los lobos financieros de todo el mundo. No importaba la gente, sino los negocios de unos pocos.
Y ésta es la sencilla y clara línea divisoria que separa a los proyectos en la Argentina y en Misiones. Lamentablemente, de este lado de la raya no tenemos la coherencia fría que tienen los que miran todo desde el punto de vista de su propio interés. Abundan los confundidos que le hacen el juego al lobo (como si a esta altura pudiéramos darnos ya el lujo de pastorcitos ingenuos).
Por eso, cuando -ante las próximas elecciones- se tiran nombres de candidatos al voleo, se presentan opciones de todo tipo con un pie de un lado de la raya y el otro en el del vecino, o se bombardea a la opinión pública con eslóganes y consignas vacíos, es bueno no confundirse. No estamos hablando de consignas, nombres u opciones un poco buenas y otro poquito malas, de gente más o menos simpática o de sonrisas vendedoras. Estamos hablando, doña Rosa, de dos proyectos tan diferentes como el agua y el aceite. Uno, el de PUERTA, que busca el interés de unos pocos. Y otro, el de la RENOVACIÓN, que busca el interés de toda la gente.
Y esto es un hecho.