martes, 4 de septiembre de 2007

SERVILES Y PAGANINIS


Oscar Thomas y Daniel Llano

Cuenta el anecdotario político que en la época de la dictadura un viejo militante peronista entró a un bar cercano a la Comisión Legislativa, aquel engendro que inventaron para reemplazar a las cámaras. Allí se encontraba a tomar un café la caterva de politicastros que le hacían el juego a la dictadura. El militante entró al bar y pegó el grito de “serviles!”, ante el asombro de la concurrencia y el estupor de sus acompañantes. Hasta el barman se quedó helado. Nuestro protagonista lo encaró, y volvió a hablar en tono alto: “Juancito, no me escuchás!? Serviles una ronda de café a todos, que pago yo!”.

La historia señala el ambiente que se vivía en la época. Todo sabían que esos políticos eran serviles, pero el miedo a la represión aconsejaba no señalarlos. Desde entonces, se ha perdido el miedo de señalar a esa lacra de la política argentina, dispuesta a vender su “representatividad” a cambio de dinero o favores. No hace falta que sea en metálico -como decía un viejo tiburón de estas lides- “yo no quiero que me den, sino que me pongan donde hay”.

Se ha perdido el miedo. Pero no se ha perdido la costumbre de venderse al mejor postor, a cambo de dinero o de cargos. Nunca como ahora pudo observarse en Misiones esta verdadera transfugueada ("tránsfuga”, según el Diccionario de la Real Academia significa “persona que por dinero cambia de bandería política”).

La falta de honorabilidad que significa crecer políticamente dentro de un espacio, para después aprovecharse de ello “vendiendo” esa imagen al mejor postor, señala que dichos tránsfugas no estaban allí respondiendo a un proyecto, sino agazapados y dispuestos a saltar sobre el queso ni bien un trozo de dimensiones ajustadas a su codicia pasara por su lado. Por otro lado, señalan la inveterada costumbre de realizar pases casi tan caros como los del fútbol español, pero donde no son los spónsores ni la televisión ni las entradas a la cancha las que los pagan. Somos usted, y yo, y él y nuestros parientes y vecinos.

En el caso del pago directo, ese dinero no sale de los bolsillos de los promotores del pase. En general proviene de reservas realizadas por izquierda cuando formaban parte de otros gobiernos. Y si sale de sus bolsillos, no se preocupe que lo hacen con la clara intención de recuperarlo una vez logrado el acceso a alguna teta presupuestaria de la ordeñable vaca del Estado Provincial.

Esta es la práctica antigüa aceptada y reconocida por la vieja manera de hacer política en la Argentina. Y cuando decimos vieja, sólo hace falta escuchar el tango Cambalache de Discépolo para entender.

Como los misioneros perdieron el miedo a hablar, y porque pretenden desterrar estar prácticas para siempre de Misiones, hoy pueden señalar a quienes siguen operando de esta manera. El pueblo de Misiones quiere continuar con un proyecto de desarrollo de la mano de la RENOVACIÓN que le ha permitido recuperar la fe, al alcanzar concreciones como trabajo, vivienda, seguridad, estudios y salud. Y sabe que quienes manejan altísimas cuentas (la famosa valija) para rodearse de serviles durante las campañas, las termina pagando o ya las pagó el “paganini” de siempre. El propio pueblo de la provincia.

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