En plena turbulencia financiera, los números de la economía real siguen dando señales positivas. Salvo que, en el nuevo contexto, los requisitos económicos e institucionales para mantener el paso serán mayores que en el pasado inmediato.El estimador mensual de actividad económica de junio tuvo un incremento del 8,3% en relación al del mismo mes del año pasado y estimaciones privadas consideran que el crecimiento de este año estará cerca del 8%, si las condiciones financieras externas no se deterioran.Dentro del conjunto, el crecimiento de la industria se redujo -en parte por la escasez de energía-, pero el consumo interno y las exportaciones sostuvieron el impulso.Como consecuencia de esta tendencia la tasa de desempleo trimestral bajó al 9,8% de la Población Económicamente Activa, si se computan como desocupadas las personas que reciben planes sociales. Se trata de una tasa todavía elevada pero que es aproximadamente la mitad de la que se alcanzó en 1995 y en lo más profundo de la crisis pasada.En este contexto algunos indicadores muestran la necesidad de introducir cambios. Uno de ellos es el gasto público, que tuvo un importante aumento en los últimos meses por pago de salarios, jubilaciones y subsidios, y que ha sido compensado sólo parcialmente por la mejora en la recaudación. Esto hace evidente que una vez avanzado el calendario electoral se planteará la necesidad de hacer ajustes para recomponer el superávit. Las nuevas condiciones externas plantean la necesidad de dar señales inequívocas de que no habrá retrocesos en la política de mantener un elevado superávit fiscal. Otro elemento de preocupación es la reducción del superávit comercial ya que, si bien las exportaciones, especialmente las vinculadas al agro, están en aumento, las importaciones han crecido a un ritmo mayor empujadas principalmente por el consumo. Queda finalmente por remontar la escasez energética.El Gobierno ha reaccionado ante la presión de la importación sobre la industria local, con una serie de medidas de control y requisitos administrativos, para evitar competencia desleal o violaciones a normas de seguridad o salubridad.La medida es oportuna no sólo por el avance de algunos bienes de origen chino, sino también porque por la previsible retracción de la demanda mundial, muchos exportadores quedarán con grandes saldos invendidos que tratarán de colocar en los mercados a bajo precio.Hay que tener en cuenta, no obstante, que medidas preventivas como las anunciadas pueden resguardar a algún sector en forma coyuntural, pero que la única defensa de largo plazo ante la competencia externa es mejorar la productividad y competitividad de la oferta local.Para eso son necesarias la inversión y la renovación tecnológica en la industria, el agro y los servicios transables, una mejor disponibilidad de crédito para la exportación y mas apoyo para el estudio y la penetración de mercados externos.Otro elemento a considerar es que, aunque la economía local tenga una posición sólida para afrontar la crisis financiera, en lo cual juega un papel decisivo la política de acumulación de reservas, las condiciones en las que se desenvolverá serán más severas que en el pasado inmediato: el crédito para los sectores público y privado será más caro, la demanda mundial de exportaciones argentinas se reducirá y la presión importadora será más intensa.El nuevo cuadro obliga, por lo tanto, a extremar los cuidados en materia de equilibrios macroeconómicos y de calidad institucional. La economía real sigue dando señales positivas en crecimiento y desempleo, pero no en superávit fiscal y comercial. Las medidas para defender la industria pueden tener efecto coyuntural, pero es necesario mejorar la competitividad. Por la crisis financiera será más difícil seguir creciendo. Es necesario mayor cuidado en la economía y en calidad institucional.
miércoles, 29 de agosto de 2007
Surgen mayores dificultades para seguir creciendo
En plena turbulencia financiera, los números de la economía real siguen dando señales positivas. Salvo que, en el nuevo contexto, los requisitos económicos e institucionales para mantener el paso serán mayores que en el pasado inmediato.El estimador mensual de actividad económica de junio tuvo un incremento del 8,3% en relación al del mismo mes del año pasado y estimaciones privadas consideran que el crecimiento de este año estará cerca del 8%, si las condiciones financieras externas no se deterioran.Dentro del conjunto, el crecimiento de la industria se redujo -en parte por la escasez de energía-, pero el consumo interno y las exportaciones sostuvieron el impulso.Como consecuencia de esta tendencia la tasa de desempleo trimestral bajó al 9,8% de la Población Económicamente Activa, si se computan como desocupadas las personas que reciben planes sociales. Se trata de una tasa todavía elevada pero que es aproximadamente la mitad de la que se alcanzó en 1995 y en lo más profundo de la crisis pasada.En este contexto algunos indicadores muestran la necesidad de introducir cambios. Uno de ellos es el gasto público, que tuvo un importante aumento en los últimos meses por pago de salarios, jubilaciones y subsidios, y que ha sido compensado sólo parcialmente por la mejora en la recaudación. Esto hace evidente que una vez avanzado el calendario electoral se planteará la necesidad de hacer ajustes para recomponer el superávit. Las nuevas condiciones externas plantean la necesidad de dar señales inequívocas de que no habrá retrocesos en la política de mantener un elevado superávit fiscal. Otro elemento de preocupación es la reducción del superávit comercial ya que, si bien las exportaciones, especialmente las vinculadas al agro, están en aumento, las importaciones han crecido a un ritmo mayor empujadas principalmente por el consumo. Queda finalmente por remontar la escasez energética.El Gobierno ha reaccionado ante la presión de la importación sobre la industria local, con una serie de medidas de control y requisitos administrativos, para evitar competencia desleal o violaciones a normas de seguridad o salubridad.La medida es oportuna no sólo por el avance de algunos bienes de origen chino, sino también porque por la previsible retracción de la demanda mundial, muchos exportadores quedarán con grandes saldos invendidos que tratarán de colocar en los mercados a bajo precio.Hay que tener en cuenta, no obstante, que medidas preventivas como las anunciadas pueden resguardar a algún sector en forma coyuntural, pero que la única defensa de largo plazo ante la competencia externa es mejorar la productividad y competitividad de la oferta local.Para eso son necesarias la inversión y la renovación tecnológica en la industria, el agro y los servicios transables, una mejor disponibilidad de crédito para la exportación y mas apoyo para el estudio y la penetración de mercados externos.Otro elemento a considerar es que, aunque la economía local tenga una posición sólida para afrontar la crisis financiera, en lo cual juega un papel decisivo la política de acumulación de reservas, las condiciones en las que se desenvolverá serán más severas que en el pasado inmediato: el crédito para los sectores público y privado será más caro, la demanda mundial de exportaciones argentinas se reducirá y la presión importadora será más intensa.El nuevo cuadro obliga, por lo tanto, a extremar los cuidados en materia de equilibrios macroeconómicos y de calidad institucional. La economía real sigue dando señales positivas en crecimiento y desempleo, pero no en superávit fiscal y comercial. Las medidas para defender la industria pueden tener efecto coyuntural, pero es necesario mejorar la competitividad. Por la crisis financiera será más difícil seguir creciendo. Es necesario mayor cuidado en la economía y en calidad institucional.
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