martes, 4 de septiembre de 2007

SOBRE CANDIDATOS Y PROYECTOS


Arq.Oscar Thomas y Daniel Llano


“En un escenario imaginario opino lo que opino”, fueron las palabras de Ramón Puerta cuando el periodismo le pidió precisiones acerca de su propuesta de que Scioli fuera candidato a presidente por fuera del espacio político que convoca en presidente Kirchner. En esta oportunidad, como en la anterior en que había lanzado desde otro “espacio imaginario” la candidatura de Mauricio Macri a la presidencia sin consultarlo, Puerta tuvo que poner marcha atrás y salir a explicar que todo lo que dice es desde un “espacio imaginario”.

Más allá de los desesperados intentos de encontrar un lugarcito a la sombra del poder, lo que se debe analizar respecto de estas posturas es la insistencia en poner siempre por delante los nombres, antes que las propuestas. Y entre esos nombres, claro, el de Puerta es el más mencionado.

Haciendo un breve repaso de las profusas declaraciones de Ramón Puerta en los últimos dos meses, llama la atención el uso constante de la primera persona. Ni siquiera el “nosotros”mayestático de los reyes. No, simplemente la automención respecto de que él será el reordenador del peronismo, su auto nominación como continuador sin mácula del ideario de Perón (aspecto muy largo de discutir, sobre el cual ameritaría escribirse otra nota) y otros papeles protagónicos. Sobre proyecto, sobre soluciones concretas, acerca de cómo terminar de pagar la deuda que dejó y varios etcéteras más, absolutamente ni una referencia.

Si lo que importan son los nombres y no las propuestas políticas, o mejor todavía, el proyecto político, la autocrítica personal que propone (y sobre la cual hasta ahora no ha vertido ni una pista) podría servirle para retornar al estrellato. Pero resulta que no estamos hablando de artistas de cine caídos en desgracia, ni de futbolistas lesionados. Estamos hablando de personas, de dirigentes que encarnaron un modelo de regresión económica, de concentración del poder en pocas manos, del cierre de la poca industria nacional que quedaba a principios de los 90, de la venta del patrimonio nacional, de un profundo endeudamiento a largo plazo que puso, pone y pondrá en dificultades cualquier programa de justicia social, crecimiento económico y soberanía política.

Al tirar candidatos al voleo, ayer Macri, hoy Scioli, mañana alguno de los Rodríguez Saá o él mismo, y por qué no el propio Carlos Menem, Puerta no hace más que desnudar una filosofía, una profunda toma de posición por parte de los espacios políticos que encarna: aquella donde lo que importa es la repartija entre unos pocos, aquella donde el modelo no aparece ni como mención al margen, porque de aparecer, nadie lo compraría.

Dentro de esta filosofía, la democracia, el libre albedrío, la soberanía popular, la conciencia colectiva y la madurez del pueblo argentino son fábulas para niños. Lo que importa es “cómo arreglamos” entre espacios de poder. Lo que interesa es limar el prestigio de los demás en base a maximizar y presentar como catastróficos los errores ajenos, eludiendo la responsabilidad de hablar sobre los propios, siempre utilizando la cosmética de hablar en general de las “historias de fracasos” que Puerta supuestamente asume, por supuesto sin dejar de hablar de sus éxitos. En esta maraña dialéctica, ninguno de los dos aspectos aparece claramente explicitado. Ni siquiera en simples porcentajes.

Pero como esta nota apunta precisamente a dejar de hacer política a partir de los nombres (los candidatos) y en cambio propone hacer política desde lo que realmente le importa a la gente (la propuesta en el caso de los candidatos menos capacitados o con poco equipo, el proyecto en aquellos casos donde se cuenta con las personas, la capacidad y sobre todo la experiencia de trabajar a esa escala mayor), es hora de que hablemos de proyecto.

Durante cuatro años la provincia de Misiones tuvo superávit fiscal, redujo la deuda, aumentó los sueldos, recaudó más y mejor estableciendo la justicia tributaria, desarrolló nuevas líneas de producción con más tecnología y valor agregado, aumentó sus exportaciones, incrementó el ingreso del pequeño productor, impulsando la justicia distributiva, y finalmente aumentó la cantidad y la calidad de los servicios al ciudadano a un ritmo y con un nivel de gasto sin endeudamiento (con recursos propios) jamás visto en estas latitudes. La cantidad de viviendas, de escuelas y de camas de hospital son apenas un registro contable de un esfuerzo que abarcó áreas como la informatización y la digitalización.

A esta altura, se corre el riesgo de caer en el panegírico propio (léase autobombo). Como entendemos que nuestra gente está cansada de este tipo de abusos dialécticos y discursivos, apenas mencionaremos esta breve síntesis o repaso para señalar que detrás de todo eso, hubo un PROYECTO en marcha.

Porque no hace falta abundar mucho más en enumerar las metas alcanzadas o en proceso de concreción. Basta confiar en la madurez del pueblo de Misiones para percibirlas. Nuestros hombres y mujeres saben que estamos hablando de un proyecto, y saben también que estamos hablando de un trabajo a largo plazo que no hizo más que comenzar, hace poco menos de cuatro años.

Y saben, más que nada y por encima de todo lo que le puedan decirles, que el proyecto se llama Renovación. No Juan o Pedro o el candidato de turno que se proponga como iluminado conductor mesiánico. Simplemente un proyecto, y la gente con capacidad y buena voluntad dispuesta a llevarlo adelante. Le toque a quien le toque conducir cada etapa.

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