lunes, 17 de septiembre de 2007

DOS MODELOS, DOS POLITICAS

Por Tomás Plano

Joseph Stiglitz (premio Nobel de Economía) en su libro “El malestar en la Globalización” expone que ésta puede ser una fuerza benéfica si se controlan las consecuencias nefastas de su aplicación indiscriminada. Muchos fueron los países que adoptaron en los 90 una forma de gobernar “globalizante”, dejando en manos del mercado el rumbo de la economía. Diez años después los ricos eran más ricos, y las economías crecieron pero el reparto de ingresos resultó negativo en todos los casos. Se incrementó el desempleo, creció la pobreza y las economías no se mostraron estables, ni mucho menos. Quedó demostrado que los gobiernos no podía abandonar gratuitamente la tarea de planificar y gestionar, para transformarse en meros administradores de caja.

Ramón Puerta disolvió el instrumento de planificación provincial en 1991 sin reemplazarlo por otra herramienta de gestión. Tomó personalmente decisiones que -en el largo plazo- han significado una carga muy pesada para los misioneros. Por otro, obvió una malla de contención para que los sectores más desprotegidos resistieran la desregulación del mercado, especialmente el yerbatero al disolverse la CRYM.

Estos déficits se comenzaron a rectificar desde diciembre de 1999, realizando correcciones de fondo en cuanto a gasto, ingresos y endeudamiento hasta alcanzar el superávit primario en el 2002, un logro realmente significativo si se toma en cuenta el marco institucional de crisis profunda en el que se operó. Paralelamente, el gobernador Rovira definía desde el inicio de su gestión herramientas novedosas de planificación y gestión, a través de una secretaria de coordinación y un área específica dedicada a esta tarea.

Este primer acto de gobierno fue toda una definición, porque en lugar de las fuerzas del mercado se generó un órgano orientado a atender cada área estratégica de inversión en infraestructura, reorientando el gasto público para que tuviera mayor impacto social y territorial. Una política completamente opuesta a la aplicada hasta entonces por Puerta. La ruptura al interior del PJ no podía demorar, a la luz del abismo que separaba las posturas que cada uno representaba.

La “ley del mercado” había dejado a Misiones con pocos recursos, endeudada y sin políticas (para qué tenerlas si el capital decide). Hoy la realidad es distinta. Se han asignado recursos para mejorar el nivel de vida y se han instrumentado políticas para recuperar el rol protagónico del Estado como garante del equilibrio social y la justicia distributiva.

Quienes apoyaron el descarnado protagonismo del capital no se caracterizaron precisamente por dialogar. Jamás se apartaron del dogma excluyente del “pensamiento único”. Por eso resulta contradictorio que quienes ayer se adscribieron a esa línea, se presenten hoy como los más idóneos para conducir una nueva realidad de Misiones, caracterizada por la apertura, ofreciendo un “diálogo político” que jamás pusieron en práctica.
Por Tomás Plano

Joseph Stiglitz (premio Nobel de Economía) en su libro “El malestar en la Globalización” expone que ésta puede ser una fuerza benéfica si se controlan las consecuencias nefastas de su aplicación indiscriminada. Muchos fueron los países que adoptaron en los 90 una forma de gobernar “globalizante”, dejando en manos del mercado el rumbo de la economía. Diez años después los ricos eran más ricos, y las economías crecieron pero el reparto de ingresos resultó negativo en todos los casos. Se incrementó el desempleo, creció la pobreza y las economías no se mostraron estables, ni mucho menos. Quedó demostrado que los gobiernos no podía abandonar gratuitamente la tarea de planificar y gestionar, para transformarse en meros administradores de caja.

Ramón Puerta disolvió el instrumento de planificación provincial en 1991 sin reemplazarlo por otra herramienta de gestión. Tomó personalmente decisiones que -en el largo plazo- han significado una carga muy pesada para los misioneros. Por otro, obvió una malla de contención para que los sectores más desprotegidos resistieran la desregulación del mercado, especialmente el yerbatero al disolverse la CRYM.

Estos déficits se comenzaron a rectificar desde diciembre de 1999, realizando correcciones de fondo en cuanto a gasto, ingresos y endeudamiento hasta alcanzar el superávit primario en el 2002, un logro realmente significativo si se toma en cuenta el marco institucional de crisis profunda en el que se operó. Paralelamente, el gobernador Rovira definía desde el inicio de su gestión herramientas novedosas de planificación y gestión, a través de una secretaria de coordinación y un área específica dedicada a esta tarea.

Este primer acto de gobierno fue toda una definición, porque en lugar de las fuerzas del mercado se generó un órgano orientado a atender cada área estratégica de inversión en infraestructura, reorientando el gasto público para que tuviera mayor impacto social y territorial. Una política completamente opuesta a la aplicada hasta entonces por Puerta. La ruptura al interior del PJ no podía demorar, a la luz del abismo que separaba las posturas que cada uno representaba.

La “ley del mercado” había dejado a Misiones con pocos recursos, endeudada y sin políticas (para qué tenerlas si el capital decide). Hoy la realidad es distinta. Se han asignado recursos para mejorar el nivel de vida y se han instrumentado políticas para recuperar el rol protagónico del Estado como garante del equilibrio social y la justicia distributiva.

Quienes apoyaron el descarnado protagonismo del capital no se caracterizaron precisamente por dialogar. Jamás se apartaron del dogma excluyente del “pensamiento único”. Por eso resulta contradictorio que quienes ayer se adscribieron a esa línea, se presenten hoy como los más idóneos para conducir una nueva realidad de Misiones, caracterizada por la apertura, ofreciendo un “diálogo político” que jamás pusieron en práctica.

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