miércoles, 29 de agosto de 2007

El Señor es mi Pastor

Por Oscar Thomas

“Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina”. “Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido, volverse atrás del santo mandamiento que les fue dado” (Epístolas de San Pedro 2:1 y 21).


Durante toda la campaña electoral del año 2003, cuando se logró derrotar definitivamente en Misiones al proyecto de la falta de solidaridad cristiana que proponía el “sálvese quien pueda”, escuchamos con respeto las palabras del entonces candidato a vicegobernador, Pablo Juan Tchirsch, cuando informaba a la ciudadanía que el nuevo espacio denominado Renovación estaba compuesto no por políticos tradicionales, sino por buena gente con buenas intenciones y un programa para hacerlas realidad. En muchos actos y encuentros defendió su participación en la política debido a la naturaleza de este nuevo espacio, no contaminado -según sus propias palabras- por los antiguos vicios del clientelismo, el personalismo y el reparto de cargos. Agregaba además que lo más importante de la Renovación es que mostraba un proyecto de vida y esperanza para la ciudadanía, con logros ya alcanzados en parte durante la conflictiva administración desde 1999 hasta ese año de 2003, en la cual fue ministro de Educación y Cultura.

Hoy, después de romper con la Renovación, ha tenido la hidalguía de reconocer que siempre se ha trabajado en la línea correcta, que no hay corrupción y que el proyecto renovador sigue siendo viable. Cabe preguntarse entonces, si el proyecto es el correcto y la gente que lo lleva adelante es buena, ¿por qué se va de su seno para aliarse con exponentes de las viejas prácticas políticas que alguna vez criticó?

Esta es la pregunta que Pablo Tchirsch no ha sabido contestar hasta ahora.

Cuando la Renovación decidió elegir un candidato por consenso -luego de que se demostrara inviable la reelección del gobernador Carlos Rovira- fueron varios integrantes de este espacio los que propusieron su nombre. Pero ninguno dijo “iré como gobernador o no iré como nada”. En una mesa de pares, donde convivimos todos aquellos que aportamos nuestro granito de arena para que renovar la política en Misiones fuera un hecho y no mero palabrerío, la postura intransigente de Tchirsch quedó plasmada como una imposición.

Nadie se sienta a una mesa de negociación planteando que su postulación deberá imponerse o no habrá negociación alguna.

A pesar de ello, varios compañeros plantearon que la figura de Tchirsch debía ser tomada en cuenta, dado que mostraba un grado de reconocimiento alto en las encuestas, y porque además era una figura que permitiría la intermediación entre los espacios que habíamos fundado y que llevábamos adelante el programa renovador. Lo único que se le pidió al vicegobernador fue que se acordara un programa y que se definiera una política de equilibrio entre esos espacios.

La respuesta fue un incremento en la campaña personalista, y la aparición en los medios de personas que nunca tuvieron nada que ver con la Renovación, presentándose como voceros de Tchirsch, hablando de un nuevo gabinete de Tchirsch compuesto por figuras ignotas, e incluso denunciando corrupción en el gobierno, ante lo cual el propio vicegobernador tuvo que salir a desmentir, por el riesgo que implica denunciar algo después de ocho años de convivencia.

A la impericia de estos nuevos voceros, se sumó una convocatoria amplia a personas que apoyaran la candidatura del vicegobernador, para debatir un nuevo proyecto de provincia. Los resultados fueron muy magros. Un listado de buenas intenciones, sin definición de herramientas o de presupuestos -y además sin explicaciones de dónde se obtendrán los recursos- fue el resultado. “Se bajarán los impuestos y se subirán los sueldos”, fue la consigna.

Nada más contrario a la política renovadora a la cual adscribió y a la que todavía defiende Tchirsch. Porque la frazada es corta. Si se bajan los impuestos, no se pueden aumentar los salarios, excepto tomando deuda. Eso lo acerca más a Puerta y Menem que a la Renovación.

¿Desde que ámbito habla Pablo Tchirsch cuando dice esto? Ciertamente no lo hace como pastor de los humildes, porque en Misiones -y él lo sabe perfectamente- los impuestos que se cobran a los ricos se vuelcan en servicios y obras para los más necesitados. No hace falta reiterar un largo listado de obras y avances para confirmarlo. Por eso, cabe preguntarse si dicho planteo no se realiza desde el otro costado de la personalidad del candidato. El de fuerte empresario tealero que vería con buenos ojos bajarse los impuestos, con la promesa incierta de aumentar los salarios, cuando sabe muy bien que a menos impuestos menos fondos para distribuir y hacer obras.

Esa espiral ya la vivimos. Los argentinos sabemos que es imposible generar empleo e impulsar desarrollo dejando la política en manos del mercado.

Por otro lado, la técnica de convocar a la colancia para definir un programa, sin contar con equipos técnicos adecuados, también se asemeja a las convocatorias vacías del pasado, cuando se engañaba a la gente diciéndoles que estaban participando de la plataforma política y el programa de un partido, mientras en realidad todo eso estaba ya resuelto de antemano. Con el mayor de los respetos hacia la gente que respondió a esa convocatoria, deseo preguntarles: ¿alguno de ellos vio en esas reuniones a los profesionales, cuadros técnicos, especialistas, coordinadores o personas idóneas que durante todos estos años hicieron realidad las políticas de inclusión social y desarrollo de la Renovación?

Cuando alguien se va de un espacio político no se va solo. Y si ese espacio político es superador del anterior, la mejor gente se va en conjunto, como sucedió en el 2003 dentro del justicialismo, el radicalismo y otras fuerzas para conformar la Renovación. Se van por el proyecto, no por simples espacios de poder o por ambiciones personales.

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